Yo se un himno gigante y extraño.


Yo sé un himno gigante y extraño
que anuncia en la noche del alma una aurora,
y estas páginas son de ese himno
cadencias que el aire dilata en las sombras.

Yo quisiera escribirle, del hombre
domando el rebelde mezquino idioma,
con palabras que fuesen a un tiempo
suspiros y risas, colores y notas.

Pero en vano es luchar; que no hay cifra
capaz de encerrarle, y apenas, ¡oh!, ¡hermosa!,
si teniendo en mis manos las tuyas
podría al oído cantártelo a solas.

Gustavo Adolfo Bécquer.

Hoy me he levantado poética. No suele suceder a menudo. Por eso hoy os dejo un poema de mi poeta favorito. Gustavo Adolfo Bécquer es el poeta romántico por definición. Y fue mi primer contacto con la poesía, allá por mi mas tierna infancia. Ventajas de tener un hermano mayor. Cómo siempre he sido una lectora compulsiva terminaba leyendo incluso los libros que a mi hermano le hacían leer en el colegio. Así descubrí a Bécquer, en un pequeño volumen de la colección Austral, de color rosa. El mismo volumen que ocupa un lugar destacado en mi biblioteca. El pobre está ya muy ajado. El tiempo y el uso causa estragos aunque siempre haya sido cuidadosa con los libros.
Debo decir que por aquella época eso de la poesía lo encontraba algo cursi. Así que empecé por las Leyendas. El monte de las ánimas, me la había recomendado mi hermano, no se si fue para meterse conmigo o porque creía que me gustaría, porque la verdad es que me gustó, pero a la vez me asustó muchísimo. Tuve pesadillas durante muchísimo tiempo. Ni que decir tiene que mi madre le castigó duramente. Pero lejos de dejar el libro, lo leí, casi lo devoré. Y al final quedaron las Rimas… Era verano, esos mediodías cálidos y bochornosos. Cómo me hacían dormir la siesta, pero nunca me quedaba dormida no me quedó otra que leer esas poesías. Abrí el libro con resignación, encontré algunas subrayadas a lápiz. Pensé que el tonto de mi hermano se las habría recitado a alguna de sus amigas. “Patético” pensé. Es lo que pasa cuando tienes tienes 9 años y tu hermano 14. Pero no tenía otro libro a mano, así que me dispuse a leer, resignada a mi suerte, como un cristiano al que llevan al martirio. Y me sorprendí. ¡¡¡Me gustaban!!! Y no eran cursis, sino hermosas y algunas desgarradoras. Y podía sentir todas las emociones que escribía.
Creo que ese día me enamoré de ese poeta. Un amor para siempre, porque aunque con los años he leído a otros poetas (Neruda, Lorca, Ruben Darío, Espronceda…)que me han cautivado, él siempre será el primero que me hizo amar la poesía y el arte de crear con las palabras. Y como el primer beso o el primer amor, se te queda clavado en el corazón.

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Jasmine Becket-Griffith.

Muchas de las ilustraciones de hadas que decoran este blog, y todas las que decoran esta entrada pertenecen a Jasmine Becket-Griffith.

La descubrí por casualidad, buscando por la red imágenes de hadas para mi sobrina, mi pequeña princesita, que adora a estos seres alados. Quería enseñarle que además de Campanilla y demás hadas Disney, hay todo un mundo de hadas distintas y bellas.
Sus diseños me cautivaron y cuando decidí crear el blog, fueron en sus preciosas hadas de ojos enormes y expresivos en las primeras en las que pensé. Mi princesa me ayudó con el diseño del blog, y fue ella misma la que eligió las imágenes que lo pueblan.

Esta es uno de sus dibujos que mas me gustan. Alannah. Ella me inspiró uno de mis primeros cuentos, “Alannah, el hada gris”. No es el único caso. Cuando contemplo sus bellas imágenes es como si esas hadas mudas quisieran contarme su historia. ¡¡Sólo espero que no me odien por que mi torpe narrativa no haga justicia a su belleza!!!

Por si alguien siente curiosidad, le diré que esta hada es la inspiradora del cuento Borealis.

Os recomiendo que visitéis su sitio web, estas son sólo una pequeña muestra de su arte, la punta del iceberg…


(Os animo a explorar el fabuloso mundo de Jasmine Becket-Griffith, cada una de las imágenes que decoran el blog es un link a su página, sólo tenéis que clicar en la que más os guste. No os defraudará, y quien sabe… quizás las hadas también os hablen a vosotros…)

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A mis amigos.

Cuando estés triste y preocupado
Y necesites una mano amiga
Y nada, whoa nada va bien.
Cierra tus ojos y piensa en mí
Y pronto estaré ahí
Para iluminar incluso tu noche más obscura.

Tu solo grita mi nombre,
Y tu sabes que donde sea que esté
Vendré corriendo, oh sí nena
A verte otra vez.
Invierno, primavera, verano, o otoño,
Todo lo que tienes que hacer es llamar
Y estaré ahí, sí, sí, sí
Tienes un amigo

Si el cielo sobre ti
Se hace más oscuro y se llena de nubes
Y ese viejo viento del norte empieza a soplar
Mantén la calma y llámame en voz alta
Y pronto estaré golpeando a tu puerta.
Tu solo grita mi nombre, y tu sabes que donde sea que esté
Vendré corriendo a verte otra vez.
Invierno, primavera, verano o otoño
Todo lo que tienes que hacer es llamar
Y estaré ahí, sí, sí, sí.

¿Hey, no es bueno saber que tienes un amigo?
La gente puede ser tan fría.
Te lastimarán y te abandonarán.
Se llevarán tu alma si los dejas.
Oh sí, pero no los dejes

Tu solo grita mi nombre y tu sabes que donde sea que esté
Vendré corriendo a verte otra vez.
Oh nena, no sabes que en,
Invierno, primavera, verano o otoño,
Hey todo lo que tienes que hacer es llamar.
Señor, estaré ahí, si estaré.
Tienes un amigo.
Tienes un amigo.
¿Hey, no es bueno saber que tienes un amigo?
¿Hey, no es bueno saber que tienes un amigo?
Tienes un amigo.

Esta es la traducción de la maravillosa canción You’ve got a friend de James Taylor.
Estaba buscando material para un post sobre la amistad. Algo que expresara algo para mi tan importante. Y una vez mas el azar vino en mi ayuda. En la radio escuché esta canción. Como siempre que la escucho me puse a cantar, sin ser plenamente consciente de ello. Me pasa siempre que escucho una canción que me gusta y sé la letra.
De repente, en el estribillo, reaccioné. Me di cuenta que todo lo que quería expresar estaba en esta canción.
Y esta canción es mi manera de agradeceros a todos vosotros, seguidores y visitantes, vuestro apoyo y vuestra amistad. Porque todos vosotros llenáis de color este blog, alegrándome este mes que ha sido algo “difícil” para mí.

Gracias por estar ahí.

Y dejadme que de las gracias de manera especial a Los Fantasmas del paraíso. Blog amigo que me ha concedido el Premio Kreativo. Fantasmas, Andrea, Zaira y Natalia, os lo agradezco de corazón.

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Borealis

Esta es la historia del hada Borealis, también conocida como el hada de las nieves.
Vive en la tierra del hielo, una llanura de nieve perpetua, desde la que una vez al año baja para cubrir con su manto blanco todo el país de las hadas. Pero no siempre fue así, en sus orígenes era un hada mariposa, bella y tímida. Creció a la sombra del molino del alquimista, el hogar de nuestro creador. Desde muy niña sintió fascinación por el lugar, y un día se coló por la ventana del laboratorio. Y allí estaba él, el padre de todas nosotras, mezclando mil ingredientes en viejas retortas. Se quedó cautivada por todo lo que allí vio, era todo tan raro. Extraños cachivaches que nunca había visto estaban colgados por todas partes. Papeles con números y garabatos se amontonaban por todos lados. Quería descubrir para que servían todos aquellos trastos (¿te he dicho alguna vez que las hadas somos muy curiosas?), y a punto estuvo de romper un gran tarro de cristal lleno de lo que parecía ser arena de mil colores. El alquimista sorprendido por el alboroto se quedó mirando a la pequeña hada, pero en lugar de reprenderla como ésta había temido, se fue hacia ella y la saludó. El viejo tenía un aspecto tan bondadoso y a la vez parecía tan solo y triste que Borealis olvidó su timidez y le sonrió. Le preguntó para qué servía cada uno de los enseres que había y él le explicó como mezclaba los diversos ingredientes para crear sus pócimas. Eso era lo único que sabía hacer. También le contó su historia, cómo había creado a las hadas y como éstas le habían construido ese laboratorio, igual que el que había tenido en la tierra, cuando cansado del mundo decidió retirarse con sus criaturas. Le habló de lo sólo que se sentía porque nadie solía visitarlo. Borealis, conmovida, le prometió visitarlo cada día, eso sí, después de sus clases, pues ¡¡buena era el hada Sunny si faltabas a su clase!!!

Así fue descubriendo como era la vida en la tierra y escuchó por primera vez hablar de los mortales. Y se despertó su curiosidad por visitar ese mundo nuevo para ella. Desoyendo todos los consejos que le habían dado las hadas mayores y más experimentadas, se marchó feliz, a vivir su gran aventura.
Lamentablemente descubrió muy pronto que ese mundo ideal que el viejo alquimista recordaba no existía. Recorrió casi todo el mundo y apenas vio los bosques de los que tanto le había hablado. Sólo vio gente hacinada en grandes orbes, suciedad y tristeza. Gente que moría de hambre mientras otros tiraban comida por las calles. Ella quería ayudar, pero ¿qué podía hacer? Sólo era un hada. Poco a poco su corazón fue enfriándose, su alegría y vitalidad casi habían desaparecido. Tenía que marcharse de allí o moriría sin remisión. Pero apenas podía volar, y además ¡¡hacía tanto frío!! Un manto blanco cubría el lugar que sobrevolaba, algo frío y húmedo, pero que a la vez quemaba como fuego. Sentía que no podía más. Divisó una pequeña casita, llegar allí era su última oportunidad.
Se desplomó casi a la entrada de la casa, perdiendo el conocimiento de inmediato. Cuando despertó estaba en una habitación cálida y confortable, estirada en una cama muy cómoda, tapada por unas mantas de agradable y suave tacto. Y un par de caritas la miraban con preocupación. Se trataba de una niña pequeña y el que debía ser su padre. Quiso incorporarse, darles las gracias. Pero al tratar de hacerlo casi se desmaya de nuevo.
-No trates de levantarte –dijo el joven, sonriéndole al hablarle. –Cuando te encontramos estabas casi congelada. Mejor que te quedes en la cama, te recuperarás antes.
Tenía una sonrisa cálida y unos ojos bondadosos, y Borealis se sintió reconfortada por sus palabras. Pero estaba demasiado cansada para hablar, volvió a quedarse dormida. Lo último que escuchó fue a la niña decirle a su padre: “Ves cómo es un hada, tiene alitas”
Cuando se despertó de nuevo se sentía mucho mejor. El calor de la habitación era reconfortante. Descubrió que su salvador estaba sentado en un silloncito de madera, al lado de la cama. Se había quedado dormido con un libro en las manos y las gafas casi a punto de caérsele. Se incorporó lentamente, comprobando que, aunque tenía dolores, podía moverse sin impedimentos. Se levantó y se acercó a él. Se fijó en la portada del libro que leía. Sobre unas tapas de color cobre había dos serpientes que se mordían la cola, una blanca y otra negra, y entre ellas estaba el título: La historia interminable. Por lo gastado que se veía el ejemplar debía de ser su libro favorito. Lo cerró y lo colocó sobre una cómoda de madera. Trató de quitarle las gafas para que no se le cayeran y de arroparlo con la mantita que había resbalado a sus pies, pero en ese momento se despertó sobresaltado. Al verla la regañó por haberse levantado de la cama, pero con suavidad, casi con ternura. Ella le sonrió y obediente volvió a la cama.
Pero no pudo volver a dormir. Sentía que había dormido durante días y ahora quería conocer cosas sobre aquel que la había rescatado cuando ya se creía perdida. Y como las hadas son curiosas por naturaleza, lo bombardeó a preguntas. Supo que se llamaba Sven y que la niña que había creído era su hija, era la hija de sus vecinos. Pasaba con él las tardes, la recogía al salir de la escuela y se quedaba allí hasta la hora de cenar. Su madre estaba muy enferma y debía acudir a la ciudad a recibir un tratamiento para combatir su mal. Ylva, que así se llamaba la pequeña, estaba muy triste. Aunque nadie le decía nada sabía que su mamá estaba mal. Por eso Sven inventaba juegos nuevos cada tarde y le contaba historias, para entretenerla y hacerle olvidar su pena. Por eso sus cuentos siempre acababan bien. Todos eran felices y comían perdices.
Le contó su vida. Le explicó que siempre había sido muy tímido y que nunca tuvo muchos amigos. Se sentía extraño entre la gente, por eso prefería encerrarse en su taller y trabajar con la madera a relacionarse con la gente de su edad. Por eso vivía solo. Sólo una vez se había enamorado. Cuando era muy joven, pero nunca reunió el valor para confesarle su amor. Ella era preciosa y él… Le dio miedo que se riera de su aspecto y su torpeza y se guardó en secreto sus sentimientos.
De repente se calló, sorprendido de haber hablado tanto. La miró y vio que se había quedado dormida. Suspiró profundamente, la arropó con las mantas, y volvió a su libro. No habría sabido decir porqué, pero esa indefensa hada perdida le había recordado a la Emperatriz infantil. Y fue como volver a ser aquel niño que se sintió fascinado por Fantasía y que soñó con visitar el pabellón de Magnolia. Y supo en ese momento que daría incluso su vida por salvarla. La cuidaría hasta que se repusiera y luego le ayudaría a llegar a su país. Este mundo era demasiado inhóspito para los seres fantásticos. Y también supo que se llevaría una parte de su corazón con él.
El hada se iba recuperando lentamente cada día que pasaba. Sven se desvivía por cuidarla. Y por las tardes Ylva le pedía que le contara historias del país de las hadas. Pero una tarde la niña llego llorando desconsoladamente. Su mamá estaba peor y la habían dejado ingresada en el hospital. Ese día ni las alegres historias de Sven, ni los fantásticos cuentos de ella surtieron efecto. Borealis, muy apenada, le pidió al joven que la llevara al bosque. Él se negó, hacía un frío polar, el hada no lo soportaría. Pero ella insistió, tenía que encontrar una raíz especial. Y esa noche era la propicia, había luna llena y era entonces cuando sus propiedades mágicas eran más fuertes. Quería hacer algo por ayudar a esa niña, ¿Qué clase de hada sería sino intentara ayudar a quién lo necesita? Sven accedió a llevarla, eso sí, la abrigó con toda prenda de abrigo que encontró por la casa. No iba consentir que volviera a recaer.
Era una noche gélida, pero no estuvieron demasiado tiempo en el bosque. Ella parecía tener un sexto sentido que la guiaba por el bosque hasta dar con un pequeño arbusto. Se puso a escarbar con las manos y sacó unas raíces nudosas. Recitó una especie de ensalmo y las guardó en una bolsa junto con un puñado de hojas del arbusto. También un puñado de nieve, pues necesitaba agua de lluvia para preparar un bebedizo con la raíz. Luego debía dejarlo reposar toda la noche a la luz de la luna y las estrellas. Al día siguiente estaría listo para llevárselo a la mamá de Ylva.
Borealis preparó la poción, mezclando las raíces y las hojas con miel y con un poco de especias (canela, clavo y jengibre) para darle sabor. Pero el frío pasado en el bosque sumado al hecho de que todavía no se había recuperado del todo, le pasó factura y se desmayó justo cuando terminó su trabajo. Por suerte su anfitrión estaba cerca y pudo sostenerla antes de que cayera al suelo. La pobre hada estaba pálida. Sven la cogió en sus brazos y la llevó a su habitación, depositándola con cuidado en la cama. La arropó con las mantas y la besó en la frente. En ese momento ella abrió los ojos y con una mirada suplicante le pidió que se quedara con ella esa noche. Se recostó a su lado abrazándola. Así los sorprendió el alba. Cuando Sven se despertó ella todavía dormía. La contempló en silencio un largo rato, ¡¡estaba tan bella dormida!! Su cara mostraba una paz infinita. Hubiera dado todo porque se quedara con él para siempre, pero sabía que ella debía marcharse a su país. Este mundo que ya no creía en ellas la mataría, y él no quería que nada malo le pasara a una criatura tan adorable como ella. Había pasado la noche entre sus brazos, y aunque no había pasado nada entre ellos, había sido la mejor noche de su vida. Se acurrucó entre sus brazos, quedándose dormida con la cabeza apoyada en su pecho. Una noche para recordar.
Pero el día empezaba y debía ponerse en marcha. Debía hacerle el desayuno a Ylva y acompañarla al colegio, pues mientras su madre estuviera hospitalizada la niña estaría con él. Y luego había prometido ir a la ciudad y visitar a su vecina y llevarle la poción. Deseaba de todo corazón que la magia del hada funcionase y que se recuperase.
Borealis se despertó cuando el sol ya estaba muy alto. Estaba sola en la cama. Añoró la presencia de Sven junto a ella. No sabría decir por qué le pidió que se quedara con ella esa noche, pero se alegraba de haberlo hecho. Se había sentido protegida, algo que no sentía desde que llegó a este mundo. Y había sentido algo muy cálido por dentro cuando la abrazó y la besó en la frente. Deseó poder quedarse allí, con él, para siempre. Pero sabía que debía marcharse o moriría. Estaba tan débil que no podía volver por sus propios medios, por eso estaba allí, tan al norte. Tenía que llegar más al norte, al círculo polar. Su puerta al país de las hadas pasaba por la Aurora Boreal. Pero para eso necesitaba estar más recuperada, se dijo para justificar su permanencia en la casa. Pero la verdad es que le gustaba estar allí. Estaba empezando a amar la nieve. Había descubierto que cada copo es diferente y precioso. Y que aunque parezca que todo cuanto cubre haya muerto, no es así, sólo está dormido, esperando la primavera para despertar con más fuerza que antes, alimentado con el agua del deshielo. No, la verdad es que Borealis no quería marcharse de allí.
La madre de Ylva se recuperó completamente. Los médicos no se explicaban el cambio radical en su estado. Y cuando al realizarle los estudios radiológicos correspondientes descubrieron que la enfermedad había desaparecido. La niña estaba muy contenta y suponía que el hada que vivía con Sven era la que había obrado esa magia en su madre. El día que su madre volvió a casa, Ylva fue a visitar a Borealis con una gran caja de regalo. Al abrirla, salió un precioso gatito, blanco como la nieve, pero con una pequeña manchita negra en el ojito derecho. Al hada le gustó muchísimo el regalo, pues todas las hadas amamos los animales. La niña le explicó que la gatita de su vecina había tenido gatitos y la señora los quería matar. Así que ella se coló en su jardín, para intentar salvarlos, pero sólo había conseguido rescatar a ese.
El gato se ganó el corazón de Sven y Borealis. Era muy mimoso y no se separaba del hada, pues los animales tienen un sexto sentido para detectar a los seres feéricos. Y la presencia del gato contribuyó a su recuperación. Claro, que el hecho que desde aquella noche del bosque, ellos pasaran las noches juntos, de seguro fue un buen reconstituyente. Nada mejor que el calor de un corazón enamorado para proteger a un hada del frío de este deshumanizado mundo.
Pronto, aunque ninguno de los dos deseaba verlo, fue demasiado evidente que ella estaba ya preparada para volver a su mundo. Sven se sentía muy triste, estaba enamorado de ella con toda su alma. Y se había dado cuenta que ella sentía lo mismo que él, que si le pedía que se quedara ella lo haría, sin importarle su seguridad. Pero sabía que ni siquiera su amor sería capaz de salvarla en este mundo. Al contrario, si de verdad la amaba, debería dejarla marchar.
Los preparativos para ese último viaje fueron muy tristes. Debía viajar muy al norte, al reino de los hielos perpetuos. Durante el trayecto apenas hablaron. Él no quería ni mirarle a los ojos o le faltaría el valor para despedirla. Y ella se sentía triste, muy triste. Y culpable, porque ahora él sufriría. Y no se lo merecía.
Cuando divisaron las primeras luces de la aurora boreal, el hada rompió a llorar. El paró el coche y la abrazó tiernamente. Había llegado el momento. Bajaron del coche, y todavía abrazados se acercaron hasta el portal. Borealis ya no lloraba. Sven tenía razón, no podía quedarse. Pero había una manera para que pudieran estar juntos para siempre. Le miró a los ojos y le pidió que la acompañara a su país. Un beso fue la respuesta. Y mientras se besaban con pasión, se abrió el portal; y entre las bellas luces del norte, fueron llevados al país de las hadas.

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Insurrección.

¿Dónde estabas entonces cuando tanto te necesité?
Nadie es mejor que nadie pero tu creíste vencer.
Si lloré ante tu puerta de nada sirvió.
Barras de bar, vertederos de amor…
Os enseñé mi trocito peor.
Retales de mi vida,
fotos a contraluz.
Me siento hoy como un halcón
herido por las flechas de la incertidumbre.
Me corto el pelo una y otra vez.
Me quiero defender.
Dame mi alma y déjame en paz.
Quiero intentar no volver a caer.
Pequeñas tretas para continuar en la brecha.
Me siento hoy como un halcón
llamado a las filas de la insurrección.

Insurrección (El último de la fila)

Esta es la letra de una canción de uno de los grupos que han marcado la banda sonora de mi vida. Es una canción que tiene la extraña virtud de hacerme reaccionar cuando estoy herida.
Cómo en estos días. Cuando te das cuenta que la amistad y el compañerismo están en peligro de extinción en nuestro mundo.
Por eso hoy quiero escucharla y compartirla con todos vosotros. Porque hay momentos en que hay que reaccionar y gritar: ¡INSURRECCIÓN!

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Premio Kreativo (II)

Con mas retraso del esperado aquí tenéis la segunda condición del Premio Kreativo.
Ha sido un poco difícil decidir los blogs a los que otorgo el premio, más que nada porque muchos ya lo han recibido. Pero como hay que tomar una decisión, esta es la mía:

1.- Diario de Independencia

2.- Los Fantasmas del Paraíso

3.- Eclipse de Luna

4.- melodía de luna

5.- Arte Fatum

6.- Cordobello un pais muy aquello

7.- El salón del estudio.

Perdonad la tardanza. He tenido unas semanas muy estresantes. Pero lo prometido es deuda.

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Especial San Valentín. Le temps des cerises. (Porco Rosso)


Hoy, día de San Valentín, quería hacer una entrada especial. Algo romántico. He dudado mucho sobre como enfocarla, ¡se ha hablado, escrito y cantado tanto sobre el amor! que no sabía si decidirme por alguno de los bellos versos que los grandes poetas nos han dejado (Neruda, Lorca o Quevedo entre otros), o ¿quizás uno de esos boleros con los que tantas parejas se han enamorado?. O quizás el final de esa película que siempre me hace llorar y en la que una actriz con cara de ángel besa a un escritor bajo la lluvia con un gato sin nombre en los brazos…

Todas esas opciones me gustaban sí, pero ninguna de ellas me terminaba de convencer realmente. Y de repente, un pequeño e insignificante detalle me hizo recordar una película y una canción. Y justo entonces lo supe ¡¡¡ya tenía la entrada que quería para mi San Valentín!!!

Se que no será lo que uno espera en este día. Siempre me ha gustado ser original, ser yo misma.

Les dejo con la canción Le temps des cerises con imágenes de la película Porco Rosso, una maravilla de Hayao Miyazaki, un genio de la animación japonesa (La princesa Mononoke, El viaje de Chihiro, Heidi…).

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¡¡FELIZ DÍA DE SAN VALENTÍN PARA TODOS!!