Nabila

Esta semana quiero recuperar una historia que significó un punto de inflexión en mis cuentos. A partir de él, mis cuentos se hicieron más largos y más elaborados. Hoy lo publico con el final original, sin la segunda parte que le añadí posteriormente. El cuento nació como un regalo para una persona muy especial, a la que le gustan los finales felices al estilo tradicional. Por eso continué la historia para darle un nuevo y feliz final. Pero hoy quiero dejarla tal y como la escribí, con ese final que a mi me parece feliz aunque no sea el convencional.
Debo decir que no estoy renegando de esa segunda parte. Me siento muy orgullosa de ella también. ¿Qué final es mejor? Eso no podría decirlo, quizás mejor sería que fuerais vosotros lo que juzgarais el resultado.

Y sin más preámbulos os dejo con:

Nabila.
Erase una vez, hace muchísimos años en un reino muy, muy lejano; vivía un mercader de especias, el más reputado de todo el reino. Said, pues ese era su nombre, sólo comerciaba con las mejores y más exquisitas especias de los más lejanos lugares, por lo que se veía obligado a partir una vez al año hacia la India y Catay. Desgraciadamente tenía que atravesar desiertos y tierras hostiles, donde abundaban los salteadores, atraídos por las ricas mercancías que solían transportarse. Por eso varios mercaderes se agrupaban y organizaban una enorme caravana, para poder protegerse mejor. Y sucedió que a la vuelta de uno de sus viajes, en medio del desierto, Said divisó un bulto tendido en la arena. Al acercarse a él, descubrió asombrado que se trataba de una bella joven, desnuda e inconsciente. Era realmente bellísima, pero algo en su aspecto hacia pensar más en un ser sobrenatural, una especia de djin, esos geniecillos de los que siempre hablaban los cuentos de viejas. Said comprobó que aunque inconsciente estaba viva, así que la cubrió con su manto y la llevo a su propia caravana, dejándola al cuidado de una vieja sirvienta que siempre le acompañaba en sus viajes. Prosiguieron su viaje, la joven apenas había recobrado un poco el sentido, la vieja sirvienta le dio agua y algo de comer que apenas probó y volvió a sumergirse en un sueño agitado.
Cuando Said, por fin llegó a su hogar, salió a recibirlo su esposa, Yasmín, en avanzado estado de gestación; corrió hacia él tan rápido como el peso de su embarazo le dejaba, pero cuando vio a Said que llevaba en brazos a una hermosa joven, su corazón casi se paró, ¿habría tomado su amado esposo una segunda esposa, ahora que ella estaba tan hinchada y ya no era tan deseable? Jamás lo hubiera creído posible, pero tenía que aceptarlo, estaba en su derecho. Cuando Said vio la inmensa tristeza que se había dibujado en la cara de su amada Yasmín, se dio cuenta de lo que estaba pensando, así que dejó a la joven djin en brazos de uno de sus sirvientes y corrió a abrazar y a tranquilizar a su esposa. Corrió hacia ella, la abrazó y la cubrió de besos, le besó la barriga donde crecía el fruto de su mutuo amor. Le juró que no había tomado otra esposa, que en su corazón solo estaba ella, y que no había nadie más bella y deseable en todo el universo. Le contó el extraño encuentro con la joven, y que era una especie de djin. Yasmín, tranquilizada por las palabras y gestos de Said, se acerco a la joven, y al verla entendió lo que había llevado a su marido a socorrerla, y dio ordenes de que la pasaran dentro de la casa y la depositaran en una de las habitaciones, se quedaría con ellos hasta que se recuperara.

Los días fueron pasando, y la joven se iba recuperando muy lentamente. Pasó más de una semana, y la joven empezó a reaccionar, aunque no hablaba, por lo menos iba comiendo algo más, aunque sólo dátiles y algo de queso; y su aspecto iba mejorando. Una noche de luna llena, por fin se encontró lo suficientemente fuerte, se levantó de la cama y salió al hermoso jardín de Yasmín. Allí encontró a la pareja, sentada, pues Yasmín ya estaba tan avanzada, que apenas podía dormir. Cuando la vieron, se alegraron de verla repuesta, y la invitaron a unirse a ellos.
Quisiera agradeceros todos vuestros cuidados y desvelos –habló por primera vez la joven, y su voz era tan dulce, alegre y musical, que sólo oírla calentaba en corazón- Me llamo Lily, y soy un hada. Gracias a vosotros, he podido sobrevivir en vuestro mundo, y me gustaría, antes de marcharme a mi mundo, pagaros de alguna manera todo lo que habéis hecho por mí tan desinteresadamente.
Y acercándose a Yasmín, le puso la mano en su vientre y dijo: No te preocupes, Yasmín, tendrás un parto tranquilo y nacerá una niña, que tendrá todas las bendiciones de las hadas, belleza, inteligencia y además un corazón tan bondadoso y compasivo como lo han sido sus padres conmigo. Y dicho esto, de sus manos brotó una especie de polvo luminoso que esparció sobre el matrimonio, y desplegando sus alas se marchó, no sin antes asegurarles que si alguna vez la necesitaban, sólo tenían que nombrarla en voz alta y ella volvería a visitarles.

Llegado el día, Yasmín dio a luz a una niña que era tal y como había predicho el hada Lily, la más hermosa de todas las niñas del reino, con unos enormes y brillantes ojos negros, que desde el primero momento miraban todo con inmensa curiosidad. Said y Yasmín eran los padres más felices y envidiados del reino. El mismo día, en el palacio real, el sultán y su esposa habían sido bendecidos con la llegada de un niño, un príncipe heredero, que aseguraría la continuidad de la dinastía…
Pasaron los años, Said era completamente feliz, su negocio prosperaba, y ya era el principal proveedor de especias incluso del palacio real; amaba a Yasmín como el primer día, y para él seguía siendo la más deseable, aunque en su pelo negro hubiera algunas hebras plateadas; y su hija Nabila, qué podía decir de ella, crecía sana y feliz, su belleza era reconocida en todo el reino, y su bondad y su prudencia hacían de ella una hija ejemplar. La vida les sonreía.

Nabila creció, se había convertido en una jovencita, y la fama de su belleza y su buen corazón había traspasado los muros de la ciudad, llegando incluso al palacio real. Todos los jóvenes solteros de la ciudad rondaban la tienda de Said, sólo por ver a Nabila y comprobar la veracidad de los rumores.

Todos trataban de conseguir que Nabila se enamorara de ellos, era casi como una competición, competían por ser el primero que conquistara el corazón de la bella joven, la mayoría sólo atraídos por la belleza de Nabila y querían obtenerla como el que obtiene un trofeo o una pieza de caza; pero olvidando que bajo toda esa apariencia había un corazón bueno y generoso; y por su juventud, muy romántico.
Por suerte, además de belleza, las hadas la dotaron de una inteligencia prodigiosa, gracias a ella, era capaz de descartar a todos esos molestos pretendientes que sólo querían ganar un trofeo.

Pero un día, cuando estaba a punto de cumplir los 18 años, se presentó en la tienda de su padre, el joven Príncipe heredero. En unos días se celebraría en palacio una magnífica fiesta en su honor, pues cumplía 18 años, y para la recepción quería elegir personalmente las mejores especias del reino. Cuando los ojos del príncipe se fijaron en los ojos negros de Nabila, quedo atrapado en ellos, y olvidó la fiesta, las especias, todo lo que no tuviera que ver con esa bellísima joven.

Desde ese momento, las visitas del príncipe a casa de Said se hicieron continuas. Los jóvenes pasaban las horas hablando de mil temas, el príncipe descubrió que además de belleza, Nabila tenía ingenio y le gustaba leer a los clásicos; no se parecía en nada a otras jóvenes que había conocido, que eran incapaces de hablar de nada que no fuera su belleza, de joyas y sedas.

Nabila era inmensamente feliz, estaba enamorada del príncipe, no por ser un príncipe, sino porque era bueno e inteligente y estaba lleno de ideas para mejorar el reino. Y el príncipe quería aprovechar la fiesta de su cumpleaños para hablar con sus padres sobre Nabila, a la que quería convertir en su esposa.

Desafortunadamente para Nabila, la hija del visir real, Salma, una joven de gran belleza pero mayor ambición, y que había sido compañera de juegos del príncipe Ahmed desde su infancia, y que ambicionaba convertirse en su esposa por encima de todo; descubrió el propósito del príncipe y decidió acabar con su rival de una manera dolorosa y total. Salma, que tras su belleza y recato, ocultaba un corazón oscuro, había estudiado en secreto los misterios de la alquimia y de la nigromancia, superando muy rápidamente a su maestro un anciano nigromante, que vivía oculto en los sótanos del palacio real. Para acabar con su rival decidió elaborar una pócima que le robara su juventud y su belleza, convirtiéndola en una anciana decrépita, y en pocos días moriría de extrema vejez. Y para asegurarse que Nabila recibía su “regalo”, embotelló la pócima en un hermoso frasquito para perfumes, del cristal tallado más bello de los que disponía, y se lo dio a Ahmed para que se lo regalara a su amada, diciéndole que era un perfume exclusivo para que lo llevara en la fiesta. Ahmed, que para nada sospechaba de las oscuras y malvadas intenciones de Salma, le agradeció el detalle, y le aseguró que se lo regalaría a Nabila en seguida, pues iba a reunirse con ella.

La pobre Nabila, ignorante de todo lo que se le avecinaba, agradeció el bonito regalo que Ahmed le traía, y le aseguró que lo utilizaría para ir a su fiesta, esa misma noche. Al marcharse su amado príncipe, Nabila empezó a prepararse para la fiesta. Se dio un largo y relajante baño aromático, en el que decidió verter una pequeña cantidad del perfume que le había regalado Ahmed. El calor del agua y los seductores aromas hicieron que se quedara dormida en el baño, soñando con la felicidad que la aguardaba… cuando de repente un grito desgarrador la despertó, era su sirvienta, pero ¿por qué gritaba de esa manera tan desgarrada? Pensó que algo les había sucedido a sus padres, y cuando se levantó para salir del baño… entendió porque gritaba entre sollozos la sirvienta, su aspecto era aterrador, su cuerpo estaba ajado y arrugado como el de una anciana. Casi se desmaya de la conmoción. Los gritos habían atraído a sus padres, que en cuanto la vieron sintieron como el corazón se les encogía; frente a ellos su amada hija envejecía rápidamente. Yasmín corrió a abrazar a su hija, que no reaccionaba. Said recordó las palabras de Lily, y gritó tan alto como pudo ese nombre hasta que no pudo más y rompió a llorar, corriendo a abrazar a su mujer y a su hija. En unos segundo, Lily se presentó en la habitación, tan bella y majestuosa como hacía 18 años; Said y Yasmín se apartaron para que Lily viera a Nabila. De un solo vistazo el hada se hizo cargo de la situación y les explicó a los aterrados padres que su lo que le pasaba a su hija era producto de una maldición muy poderosa, que envejecería en pocos días y que moriría sin remisión de extrema vejez, quizás en una semanas. Yasmín se desmayó al escuchar a Lily, Said le rogó que salvara a Nabila. Lily, sopló sobre Nabila su polvo luminoso, y en unos segundos, el proceso de envejecimiento se paró; pero desgraciadamente Lily no podía revertir el proceso y devolver a la niña su juventud y su belleza, pero había conseguido detener el avance de la muerte, Nabila tendría una vida normal, pero con el aspecto de una anciana; aunque en sus ojos negros, tan brillantes y vivos como siempre, se conservaba la auténtica belleza de Nabila.

Ni que decir tiene que Nabila no acudió al baile. Ahmed, extrañado por no ver a su amada, se preocupó y dejó el baile y se presentó en casa de Said, solicitando ver a Nabila. Said, enternecido por la preocupación del joven príncipe, le acompañó hasta el jardín donde Nabila estaba contemplando la luna. El príncipe, cuando la vio le habló con respecto, como corresponde dirigirse a una noble anciana. Nabila le habló, le dijo que era ella, que la mirara a los ojos y vería que era verdad; pero Ahmed, aunque la miró a esos ojos negros que tanto decía amar, no pudo reconocerla, y se marchó enfadado, maldiciendo a Nabila y a toda la familia, que de esa manera había jugado con él, un príncipe.

Nabila escuchó estas palabras tan duras, y aunque creyó que su corazón se rompería, descubrió que no lo había hecho, estaba claro que si Ahmed no la había reconocido, a pesar de ese nuevo aspecto, era porque en el fondo de su corazón no la había amado nunca, sólo era otro más de los que la querían como un trofeo ganado. Por eso ni siquiera derramó una lágrima, el príncipe Ahmed no se las merecía. Y recordó algo que había olvidado, tan centrada estaba en el baile y en el príncipe; hoy también era su cumpleaños. Se acercó a sus padres que sí estaban destrozados, y abrazándolos, les dijo que no se preocuparan por ella, que estaba bien. Que quizás la vejez también la había vuelto sabia.

La vida seguía, y Nabila continuó su vida en la tienda como siempre. Se corrió la voz que la joven se había marchado a una ciudad lejana, a vivir con unos tíos paternos, y que la madre de Yasmín, una anciana sabia y venerable vivía ahora con el matrimonio. Todo el mundo adoraba a la anciana, que siempre tenía una palabra amable y de consuelo para todo el que lo necesitaba. Pero a algunos les sorprendía la luz y el fuego que había en su mirada, más normal en una joven doncella, que no en una dama anciana.

Pasaron unos meses y el sultán anunció que el príncipe Ahmed se había comprometido con Salma, la hija de su visir real, y que en breve se celebraría la boda real.

En cuanto Nabila se enteró, se alegro mucho por los dos, no le guardaba resentimiento a Ahmed, e ignoraba que Salma había sido la causante de su mal. Ella era completamente feliz, ahora por fin la gente que se acercaba a ella no lo hacía por su belleza, sino por ella misma. Y como Lily le había dicho, antes de dejarles, algún día, alguien que la amara de verdad, sabría verla tal y como era realmente y no le importaría el aspecto que tuviera exteriormente; y quizás cuando llegara ese momento, la maldición se rompería, porque no hay magia más poderosa que el amor verdadero…

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Eurovisión.

Hoy, como todos los años por estas fechas, se celebra el festival de Eurovisión. Festival que se celebra anualmente desde 1956 y que es uno de los programas más antiguos que aún se trasmiten en el mundo. Aunque en España ya no tenga la trascendencia de tiempo atrás. Recuerdo que cuando era pequeña toda la familia se sentaba ante el televisor para ver el festival, y recuerdo que lo que más nos gustaba eran las votaciones, y el mítico “rayomuni ten poins”. Algo que ahora ya se ha perdido. Bueno, excepto el año en que Rosa López (ganadora de la primera edición de Operación Triunfo) representó a España con aquel “Europe’s living a celebration”. Ese año se generó una expectación tremenda, casi como cuando la selección española de futbol se enfrenta a un mundial o una Eurocopa. Ese año, el festival volvió a batir records de aduciencia, como en sus viejos y buenos tiempos.

ESte año se celebra en Oslo. Y también al festival le ha llegado la crisis. Algunos paises han renunciado a participar. Y la televisión noruega, anfitriona del evento, para hacer frente a los gastos de la organización del certamen ha tenido que vender los derechos del mundial de Sudáfrica a una compañía rival.

Nuestro representante es Daniel Diges con la canción Algo pequeñito. Y he de decir que el mejor “relaciones públicas” de esta canción ha sido Pablo Motos desde El hormiguero.

En unas horas sabremos que le ha deparado la suerte a nuestro representante.

¡¡¡Mucha suerte, Dani!!!

Namasté.

Como muchos sabréis esta madrugada se ha emitido el esperado final de la serie Lost. No, tranquilos, no voy a desvelar nada trascendental de la trama. Pero esta mañana, buscando material para la entrada de hoy me he encontrado con esto, y me ha parecido genial y muy divertido. Porque con tanta expectación que la serie ha creado, el final va a dejar a muchos “Losties” algo “perdidos”. Así que para todos aquellos que se han sentido vacíos al ver el final de la serie y para los que sólo queráis reíros un poco aquí os dejo un vídeo de orientación de la iniciativa Dharma.

Y recordad, en Lost, como en la vida nada es lo que parece ser.

Namasté.

Por cierto, esta es la auténtica entrada número cien.

¡¡¡100!!!


Esta semana este blog ha alcanzado un hito histórico, ¡¡¡ha publicado su entrada número 100!!! y yo esta semana he estado demasiado ocupada y ni me había dado cuenta.

No se me ocurre mejor manera de celebrarlo que con todos vosotros y con una entrada especial. Porque hoy ha sido un día algo especial. No, no porque por fin hoy se resuelvan todas las incógnitas de Lost. Soy una adicta a esa serie y por descontado que estaré a las 6:30h delante del televisor para ver ese esperado desenlace. Pero no es por eso. Después de dos años, por fin hoy he dedicado mi día a hacer turismo. Me he subido en un tren de cercanías y me he lanzado a la aventura. Equipada con mi cámara de fotos y un plano del lugar, he puesto rumbo a Sant Cugat del Vallés, una bonita ciudad muy cercana a Barcelona. Esta ciudad tiene un precioso monasterio de estilo gótico, en el que destaca uno de los claustros románicos más impresionantes. Pero como una imagen vale más que mil palabras, aquí os dejo algunas de las fotos que he realizado.


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El hada gris.

Esta semana quiero recuperar una de las historias que mas me ha gustado escribir. Una historia que me surgió al ver la imagen que encabeza esta entrada. Ese dibujo me gustó tanto cuando lo vi en la página de Jasmine Becket que supe que tenía que escribir un cuento. Espero haberle hecho justicia a tan bella hada.

El hada gris.

Me llaman Alannah, el hada gris. No os diré mi nombre verdadero, ningún hada lo hará, si alguien lo supiera tendría poder sobre ella, la ataría a su destino, y las hadas han nacido para ser libres… a menos que alguna decida libremente renunciar… De todas maneras, mi nombre real hace siglos que se ha olvidado. Alannah es el nombre que me dio alguien muy querido, y siempre será mi nombre, aunque él ya no pueda decirlo.

Os sorprenderá mi color gris y mis alas de piedra, algo muy extraño en un hada, siempre tan coloridas y etéreas… Yo también fui una de esas hadas luminosas, hace tanto tiempo que casi lo he olvidado. Crecí en el valle de las hadas mariposa, y como todas mis hermanas, vestía los más bellos colores del arco iris… Y en mi juventud, me temo, era demasiado curiosa, demasiado rebelde y demasiado aventurera. Me aburría la vida diaria en el país de las hadas, y me moría por investigar y conocer en el mundo de los humanos. Las hadas más viejas y sabias me advertían de que nada bueno quedaba ya para nosotras en ese mundo, que los humanos habían dejado de creer en nosotras y que éramos invisibles a sus ojos… Pero a mí esos argumentos no me convencían, quería experimentarlo por mi misma…

Por eso una luminosa mañana, decidí volar lejos de mi país, y, por supuesto, terminé en vuestro mundo.

Me sentía muy feliz, todo era tan diferente de lo que había conocido hasta ahora… Ciudades estaban creciendo por doquier, se construían hermosos edificios de piedra, que sustituían a las cabañas de madera… Todo bullía de actividad… yo me sentía feliz. Sí que era verdad que nos habíamos vuelto invisibles, porque nadie reparó en mí, sólo parecían advertir mi presencia los animales que encontraban a mi paso, y quizás algún bebé, pero nadie más…

Durante mucho tiempo recorrí este mundo, siempre sin encontrarme a nadie que reparara en mi presencia.

Pero un frío día de invierno, en una pequeña ciudad del sur de Inglaterra, una ciudad en pleno crecimiento, me pasó algo que nunca creí posible. Un jovencito parecía verme, me quedé muy asombrada, y por la cara de sorpresa que él puso, creo que yo también lo dejé aturdido. Pero en seguida me habló, preguntándome quien era. Sé que lo más sensato habría sido marcharme de allí lo más rápido que me permitieran mis alas, pero había algo tan dulce y a la vez triste en sus ojos… y me temo que me pudo mi innata curiosidad.

Me explicó que era aprendiz de cantero, que su maestro trabajaba en la construcción de una nueva iglesia de piedra para reemplazar a la antigua que se había quemado en un incendio hacía unos años. Que su vida era un infierno, tenía que pasar 7 años de aprendizaje, antes de poder trabajar por su cuenta. Que su maestro era un hombre despiadado, que le hacía trabajar casi como si fuera un esclavo, porque era muy hábil, era capaz de captar miles de detalles y plasmarlos en la piedra, o en madera.

Nos hicimos muy amigos, él me bautizó con el nombre que ahora uso. Le encantaba que le contara mil historias del país de las hadas, y mientras le hablaba de el valle de las mariposas o de las hadas flores, él las iba creando, casi de la nada…

Pasaba el tiempo, yo, ya casi nunca regresaba a mi hogar, mis hermanas estaban muy preocupadas por mí, temiéndose lo peor, que quedara atrapada para siempre en ese mundo y me volviera tan fría como los mortales. Pero yo no les hacía caso, era muy feliz. Mi amigo terminó su aprendizaje, y gracias a su talento innato pronto fue progresando en la cofradía, y en poco tiempo se convirtió en maestro cantero de la nueva iglesia. Asombraba a todos los demás cofrades con sus figuras, que para los demás eran, evidentemente, fruto de una imaginación desbordaba. Y los bellos capiteles se iban poblando de seres bellos y extraños, que hacían de esa iglesia la más bella de la zona.

Desgraciadamente su rápido ascenso no fue igualmente celebrado por todos, como siempre suele pasar su talento despertó la envidia de otro cantero, que con más edad pero, menos talento, consideraba que debería haber obtenido el puesto. Por eso envenenó los oídos del obispo, lo acusó de brujería y de tratos con seres de las tinieblas, y que por eso esculpía esos seres del infierno…

En aquellos tiempos esa era una acusación muy seria, la inquisición tomó cartas en el asunto, y mi buen amigo fue prendido y procesado. Fue torturado, y aunque al final, todo el pueblo dio fe de su inocencia, los daños que le había causado en las manos, eran irreversibles… no podrían volver a crear esas maravillas…

Aquello fue demasiado para él, perdió las ganas de vivir, creía que ya nada merecía la pena… Yo intentaba consolarle y animarle, pero una parte de su alma murió cuando le privaron de su arte…
Sólo vivió unos meses, se fue apagando como una vela en medio de la tempestad… Ni siquiera pudo ver consagrada la obra a la que tanto había entregado… y que al final resultó ser su tumba.

Yo me sentía muy culpable, si no le hubiera contado mis historias, quizás no hubiera creado todos esos seres fantásticos, él seguiría vivo. Supongo que fue entonces cuando empecé a perder mis alegres colores… Y decidí que me quedaría allí, con él para siempre, cuidaría del lugar que él tanto había amado, y lo protegería para que las generaciones futuras pudieran conocer su arte.

Así fue como me fui convirtiendo en piedra, casi como una más de las estatuas de la iglesia… Y cada vez que la gente admira su obra, sé que mi sacrificio valía la pena…

Y a veces, un niño me ve, y le dice a sus padres: “papá, allí hay un hada”, yo sonrío y pienso que quizás todavía hay esperanza para este mundo.

Nostalgia.

Hoy tengo un día nostálgico. Quizás porque ayer estuve viendo fotos antiguas con mis sobrinos pequeños. Fotos de mi infancia. Y aunque no creo que “cualquiera tiempo pasado fue mejor”, como decía Jorge Manrique, si que me dejó cierta nostalgia. Nostalgia de la ciudad en la que nací y en la que pasé mi primera infancia. Una pequeña y tranquila ciudad manchega. Ciudad famosa por sus navajas y cuchillos. Albacete, mi tierra.

En ella pasé algunos de los mejores años de mi infancia, hasta que en el año 1976 nos tuvimos que marchar a vivir a Barcelona. La empresa en que trabajaba mi padre lo trasladaba a esa ciudad, lo que supuso que toda la familia hiciéramos las maletas hacia nuestro nuevo hogar. Al principio, como todos los cambios, fue un poco difícil. Echaba mucho de menos mi vida anterior. Recuerdo que por las noches, al irme a dormir, cerraba los ojos y pedía que cuando me despertara estuviera en mi antigua casa. Pero en seguida se me pasó. Hice nuevos amigos con bastante rapidez y m adapté enseguida a la nueva ciudad. Y los veranos íbamos al pueblo de mis abuelos que está a unos 60 km de Albacete, por lo que cada año volvía a la ciudad en que nací. Visitábamos a los viejos amigos y vecinos. Paseábamos por el Parque o por la Calle Mayor.
Pero como siempre pasa, al crecer y sobretodo al empezar a trabajar, las visitas se fueron espaciando. Y ahora hace más de dos años que no he podido ir allí. ¡¡¡¡Y lo añoro muchísimo!!! Tanto que en cuanto pille las vacaciones, me voy para allí unos días. Tanto que estoy haciendo esta entrada para enseñaros lo bonita que és la ciudad que me vio nacer. Un lugar que os aconsejo visitar, sobre todo en Feria, del 7 al 17 de Septiembre.

Os invito a dar un paseo por Albacete.



¿verdad que es preciosa?