Un año mas.

Un año más.

Un año más que pasa. Un libro que llega al final. Un año nuevo llega. Un libro en blanco con 365 páginas por vivir. Sólo tú puedes escribirlas. Con alegrías, pero también habrá penas y nostalgias. Momentos felices que nos llenarán el alma de alegría. Momentos duros o tristes que nos enseñarán algunas lecciones que sólo se aprenden con el dolor. Porque todo es necesario y todas esas vivencias dan color y riqueza al libro de nuestra vida. Habrá gente que nos deje, pero también caras nuevas que con su amistad y cariño nos ayuden y complementen. Mil propósitos que nunca cumplimos, pero que cada año seguimos proponiéndonos que cumpliremos. Pero sobre todo un solo deseo… VIVIR.

Feliz Año 2011. Mi deseo: que vuestro libro se llene de sueños, amores e ilusiones.

Cuento de Navidad.

Tras un forzado parón, vuelvo a retomar esta bitácora. No creí que fuera a estar tanto tiempo alejada, pero la temporada navideña en el trabajo está siendo estresante y me ha dejado agotada física y mentalmente. Pero no quería dejar pasar estas fechas tan entrañables lejos de todos vosotros. Por eso quiero felicitaros de la única manera que sé… con un cuento.

¡¡¡¡¡¡¡FELIZ NAVIDAD!!!!!!

CUENTO DE NAVIDAD.

Nochebuena, una copiosa nevada cubre el paisaje con su blanco manto. Fuera el gélido viento sopla con fuerza, pero dentro, en un amplio salón al amor del fuego que arde en la chimenea, un grupo de chiquillos golpea un tronco, entre risas y gritos, mientras cantan una canción tradicional. A su lado su abuela, como una más de la chiquillería, ríe divertida al ver a sus nietos disfrutar haciendo cagar al Tió. El Tió, una de las tradiciones más divertidas de la navidad en Cataluña, es un tronco de pino, decorado con una barretina y al que días antes de navidad hay que alimentar para que en la noche de Nochebuena cague muchos regalos. Pero antes de eso hay que golpearlo con un palo mientras se canta una canción. Le encantaba verlos reírse, le hacía recordar navidades de antaño, cuando ella era la niña que golpeaba el tronco. Y este Tió había “cagado” muchos regalos. Casi todo chucherías de chocolate que habían hecho las delicias de los tres pequeños. Estaban tan excitados, que mandaros a la cama iba a ser casi una misión imposible.

-Niños, niños… ¡un poco de calma!. Ya va siendo hora de irse a la cama. Ya sabéis que esta noche viene Papa Noel…

-Joooooo, abuela… ¡¡¡Yo quiero quiero hacer un dibujo con mis nuevas pinturas!!!, y no tengo nada de sueño…

-Núria, si no te vas ya a la cama, me temo que Papa Noel pasará de largo. No quiere niños despiertos cuando baja por la chimenea. ¿quieres quedarte sin regalos?

-No… ¡¡¡quiero mis regalos!!!!, pero ¿me contarás un cuento para dormirme antes?

-Bueno, pero primero poneros los pijamas y lavaros los dientes, que con tanta golosina…

Los niños corrieron a la habitación y en un santiamén hicieron lo que la abuela les había dicho. Se metieron en sus camitas, dispuestos a escuchar el cuento.

La abuela se sentó en una de las camitas, la de Oriol, que mimoso se acurrucó en su regazo. Se aclaró la voz y empezó con su relato.

“Había una niña que no creía en la Navidad. Había dejado de creer en ella, porque aunque ella era muy buena, Papa Noel nunca le había traído el regalo que más deseaba… una muñeca. Le daba igual que no fuera una de esas tan bonitas y con tantos vestidos y accesorios. Sólo quería una muñeca. Ella la cuidaría y serían amigas y nunca estaría sola. Pero no. Papa Noel nunca se acordaba de ella. Mamá le decía que era porque era muy viejecito y su ni su memoria ni su vista eran demasiado buenas. Por eso, en lugar de la muñeca deseada, le dejaba cada año una figurita de mazapán, una pequeña muñequita de dulce. Pero no era lo mismo. El mazapán estaba muy rico… pero no se podía jugar con él. Y por supuesto no podía ser su amiga. Por eso había perdido la fe. Por eso había dejado de escribir la carta como todas las niñas. Por eso, esa nochebuena, cuando se fue a la cama, no dejó comida para los renos. Le daba igual que no le dejara nada… estaba cansada de su regalo de mazapán. Le dio un beso a su madre y se fue a la cama. Le extrañó verla algo triste, pero supuso que estaría muy cansada. Trabajaba mucho. Era pastelera y trabajaba en una de las mejores confiterías de la ciudad. Sus mazapanes y turrones eran los mejores de la ciudad y en estas fechas, su madre tenía tanto trabajo que llegaba agotada a casa. Corrió a su lado, y le dio un abrazo muy fuerte. No le gustaba que estuviera triste. Subió a su habitación y se acostó. Se quedó dormida en seguida. No estaba nerviosa o excitada, como los demás niños. Ella no esperaba nada.
A la mañana siguiente se despertó como otra mañana más. Bajó a la cocina, a desayunar. Y entonces lo vio. Un paquete con un bonito lazo rojo. Como todos los años. Lo abrió con desgana. Ya sabía lo que habría dentro. Pero al abrirlo, empezó a chillar y a llorar emocionada. Dentro de la caja, en lugar de la figurita de mazapán había una preciosa muñeca. Una muñeca de verdad. La muñeca que tanto había deseado. A su lado, su mamá lloraba tan emocionada como ella. Mirando la caja donde había estado envuelta, como si no se creyera lo que veían sus ojos. La abrazó emocionada. Había vuelto la magia de la Navidad.
Y colorín colorado, este cuento se ha acabado.”

-Y ahora niños, a dormir. Y que soñéis con cosas bonitas.