Penélope.

Penélope tejía incansable. Aunque durante la noche deshiciera lo tejido durante el día, sus manos no podían parar de tejer. No sólo por mantener el engaño, sino porque la actividad la mantenía a salvo de los recuerdos y de sus pensamientos. Sabe que si dejara de tejer su corazón no aguantaría más el dolor y la pena. No le importa que su tranquilo hogar se haya llenado de pretendientes ruidosos y maleducados. Hombres que vacían sus despensas y molestan a sus doncellas. Hombres que sólo desean ser el nuevo rey y para los que ella sólo es un mero instrumento para alcanzar lo que tanto desean. No soporta a todos esos que intentan consolarla diciéndole que él a muerto. Que su espíritu surca las aguas de la Estigia, rumbo al reino de Hades. Ella sabe que no es verdad. Sí así fuera ella lo sabría. Lo habría sentido en su corazón. Y luego estaban los crueles, los que querían herirla diciéndole que no volvería, que había encontrado otros brazos y otros besos, y que había olvidado su patria y su familia. Ella sabía que eso no era posible, que mientras tuviera un hálito de vida, su rey volvería a su lado. Que podrían saber ellos de los lazos que unían a ambos. Una lágrima resbaló por su mejilla perdiéndose en la urdimbre de su tapiz. Mil recuerdos se agolpaban en su mente. Recordó aquel primer encuentro, cuando era una doncella tímida y reservada. Se sentía torpe ante aquel joven apuesto, de ojos de una azul tan intenso y de mirada penetrante. Una mirada que parecía traspasarte y adivinar todos tus pensamientos. Y sintió como si lo hubiera conocido de toda la vida, reconoció en él la parte que a ella le faltaba. Y cuando se besaron sintieron como la almas se unían en una. Imposible de separar. Cerró los ojos, intentando contener las lágrimas que los recuerdos han desatado. Ya han pasado casi veinte años. Ya casi ha acabado el tapiz. Un soplo de aire le refresca su rostro. Una brisa fresca y marina, extraña en la calima del verano. Casi como una promesa de un cambio. Y su corazón siente una alegría inesperada. Quizás sea hoy el final de su larga espera.

Rinconcito poético XVII.

Esos locos bajitos. (Joan Manuel Serrat)

A menudo los hijos se nos parecen,
y así nos dan la primera satisfacción;
ésos que se menean con nuestros gestos,
echando mano a cuanto hay a su alrededor.

Esos locos bajitos que se incorporan
con los ojos abiertos de par en par,
sin respeto al horario ni a las costumbres
y a los que, por su bien, (dicen) que hay que domesticar.

Niño,
deja ya de joder con la pelota.
Niño,
que eso no se dice,
que eso no se hace,
que eso no se toca.

Cargan con nuestros dioses y nuestro idioma,
con nuestros rencores y nuestro porvenir.
Por eso nos parece que son de goma
y que les bastan nuestros cuentos
para dormir.

Nos empeñamos en dirigir sus vidas
sin saber el oficio y sin vocación.
Les vamos trasmitiendo nuestras frustraciones
con la leche templada
y en cada canción.

Nada ni nadie puede impedir que sufran,
que las agujas avancen en el reloj,
que decidan por ellos, que se equivoquen,
que crezcan y que un día
nos digan adiós.

Rinconcito poético XVI.

El sitio de mi recreo. (Antonio Vega)

Donde nos llevó la imaginación,
donde con los ojos cerrados
se divisan infinitos campos.
donde se creó la primera luz
junto a la semilla de cielo azul
volveré a ese lugar donde nací.
De sol, espiga y deseo
son sus manos en mi pelo,
de nieve, huracán y abismos,
el sitio de mi recreo.
Viento que a su murmullo parece hablar
mueve el mundo con gracia, la ves bailar
y con él, el escenario de mi hogar.
Mar, bandeja de plata, mar infernal
es su temperamento natural,
poco o nada cuesta ser uno más.
De sol, espeiga y deseo…
Silencio, brisa y cordura
dan aliento a mi locura,
hay nieve, hay fuego, hay deseo,
ahí donde me recreo.

Sale el sol.

Se había jurado que no lloraría. Que cuando llegara el final, se marcharía sin más. Metería su vida en una maleta y volaría. Sin una lágrima ni un reproche. ¡Qué fácil pensar eso en los momentos felices! Cuando sus brazos eran su refugio; sus labios, su paraíso y su corazón, su hogar. Un puerto seguro, lejos de la tormenta. Pero la tormenta había llegado, devastadora como un tornado y letal como un tsunami que arrasaba toda su vida. Había llorado, sintiendo su alma romperse en mil pedazos. Pero una mañana, sentada frente al mar, volvió a sentir el calor del sol en su cara, secando sus lágrimas y calentado su helado y roto corazón. Y sintió ganas de volver a vivir. De dejar atrás el pasado y la pena. Una tímida sonrisa se dibujó en sus labios, un nuevo amanecer se abría en su vida.

Mayonesa y café.

Hoy he recibido un mail muy curioso en mi correo electrónico. Lo he abierto y me ha sorprendido y me ha hecho reflexionar. Aquí os lo dejo…

MAYONESA Y CAFÉ
Cuando te sientas agobiado, cuando 24 horas al día no sean suficientes… Recuerda el frasco de mayonesa y el café!

Un profesor en su clase de Filosofía, sin decir palabra, cogió un frasco grande y vacío de mayonesa y lo llenó con pelotas de golf.

Luego preguntó a sus estudiantes si el frasco estaba lleno y ellos estuvieron de acuerdo en decir que si.

De nuevo, sin decir nada, el profesor cogió una caja llena de canicas y la vació dentro del frasco de mayonesa.

Las canicas llenaron los espacios vacíos entre las pelotas de golf.

El profesor volvió a preguntar a los estudiantes si el frasco estaba lleno y ellos volvieron a decir que si.

Luego…el profesor cogió una caja con arena y la vació dentro del frasco.

Por supuesto, la arena llenó todos los espacios vacíos, y el profesor preguntó nuevamente si el frasco estaba lleno.

En esta ocasión los estudiantes respondieron con un ‘si’ unánime.

El profesor enseguida agregó 2 tazas de café al contenido del frasco y efectivamente llenó todos los espacios vacíos entre la arena. Los estudiantes reían en esta ocasión. Cuando la risa se apagaba, el profesor dijo:

‘QUIERO QUE SE DEN CUENTA QUE ESTE FRASCO REPRESENTA LA VIDA’.

Las pelotas de golf son las cosas importantes como la familia, los hijos, la salud, los amigos, …

Son cosas que, aún si todo lo demás lo perdiéramos y solo éstas quedaran, nuestras vidas aún estarían llenas.

Las canicas son las otras cosas que importan, como el trabajo, la casa, el coche, etc.

La arena es todo lo demás… las pequeñas cosas.

‘Si ponemos primero la arena en el frasco, no habría espacio para las canicas ni para las pelotas de golf.

Lo mismo ocurre con la vida’.

Si gastamos todo nuestro tiempo y energía en las cosas pequeñas, nunca tendremos lugar para las cosas realmente importantes.

Presta atención a las cosas que son cruciales para tu felicidad.

Juega con tus hijos,

dedica tiempo a revisar tu salud,

ve con tu pareja a cenar,

practica tu deporte o afición favoritos,

siempre quedará tiempo para limpiar la casa y reparar la llave del agua.

Ocúpate de las pelotas de golf primero, de las cosas que realmente importan.

Establece tus prioridades, el resto es solo arena…

Uno de los estudiantes levantó la mano y preguntó qué representaba el café..

El profesor sonrió y dijo:

‘Que bueno que me hagas esta pregunta… Sólo es para demostraros, que no importa cuan ocupada tu vida pueda parecer, siempre hay lugar para un par de tazas de café con un amigo.’

Rinconcito poético XV

Año nuevo, entrada nueva…

En primer lugar, quería disculparme con todos vosotros. Por haberos tenido tan abandonados, no contestar a vuestros comentarios y no haber podido visitaros en vuestros respectivos blogs. Algo que he echado mucho de menos. Debo decir que he sobrevivido a la agotadora y estresante fiebre consumista y materialista en lo que se ha convertido la Navidad. Ha sido duro, pero por fin ha pasado.

Y para la gran reapertura de este rincón, he pesado que nada mejor que con una preciosa poesía/canción de Lluís Llach.

Un núvol blanc. (Lluís Llach)

Senzillament se’n va la vida, i arriba
com un cabdell que el vent desfila, i fina.
Som actors a voltes,
espectadors a voltes,
senzillament i com si res, la vida ens dóna i pren paper.

Serenament quan ve l’onada, acaba,
i potser, en el deixar-se vèncer, comença.
La platja enamorada
no sap l’espera llarga
i obre els braços no fos cas, l’onada avui volgués queda’s.

Així només, em deixo que tu em deixis;
només així, et deixo que ara em deixis.
Jo tinc, per a tu, un niu en el meu arbre
i un núvol blanc, penjat d’alguna branca.
Molt blanca…

Sovint és quan el sol declina que el mires.
Ell, pesarós, sap que, si minva, l’estimes.
Arribem tard a voltes
sense saber que a voltes
el fràgil art d’un gest senzill, podria dir-te que…

Només així, em deixo que tu em deixis;
així només, et deixo que ara em deixis.
Jo tinc, per a tu, un niu en el meu arbre
i un núvol blanc, penjat d’alguna branca.
Molt blanc…

Una nube blanca.

Sencillamente se va la vida, y llega
como un ovillo que el viento desfila, y fina.
Somos actores a veces,
espectadores a veces,
sencillamente y como si nada, la vida nos da y toma papel.

Serenamente cuando viene la ola, acaba,
y quizás, en el dejarse vencer, comienza.
La playa enamorada
no sabe la espera larga
y abre los brazos, no fuera, la ola hoy quisiera quedarse.

Así sólo, me dejo que tú me dejes;
sólo así, te dejo que ahora me dejes.
Yo tengo, para ti un nido en mi árbol
y una nube blanca, colgada de alguna rama.
Muy blanca …

A menudo, cuando el sol declina, lo miras.
Él sabe, perezoso, que mengua, la amas.
Llegamos tarde a veces
sin saber que a veces
el frágil arte de un gesto sencillo, podría decirte que …

Sólo así, me dejo que tú me dejes;
así sólo, te dejo que ahora me dejes.
Yo tengo, para ti un nido en mi árbol
y una nube blanca, colgada de alguna rama.
Muy blanco …