Una navidad especial.

Hoy quiero contaros un cuento muy especial. Uno de esos con un final muy feliz. Y lo mejor de todo es que es como esos telefilmes que tanto le gustan a mi madre… eso que dicen estar “basados en hechos reales”… Un cuento lleno de ternura y esperanza, pero también de valentía y tesón.

Érase una vez en un reino encantado vivía un joven príncipe muy feliz. Tenía todo lo que podía desear, una esposa a la que amaba y un hijo que colmaba de felicidad a todo el reino. Y cuando la joven princesa le anunció que estaba de nuevo en cinta creía que no podría ser más feliz. 


Pero una malvada bruja, envidiosa de la felicidad de la pareja preparó un poderoso bebedizo para helar el corazón de la princesa. Y como a la joven era muy golosa, la bruja vertió el veneno en un de los pastelitos favoritos de la princesa. Cuidando con mucho celo que el fatal pastel llegara hasta la princesa.


En cuanto la joven probó el dulce, cayó desvanecida, sin sentido. El príncipe apenas pudo hacer otra cosa que correr a su lado y sujetarla entre sus brazos. Pasaban los minutos y no recobraba el sentido. El médico de la corte tenía que tomar una dramática decisión, peligraba no sólo la vida de la princesa sino también del bebé que llevaba en su vientre. Tendría que sacar al bebé aunque todavía no era el tiempo. Pero sólo así podría tener la posibilidad de salvarlos a ambos. 


El bebé era muy pequeño, sólo pesaba 500g y estaba todavía muy inmaduro. Era muy difícil que saliera adelante. Se preparó una de las estancias del palacio para poder cuidar del pequeño. Pero de todas formas nadie se hacia ilusiones de que la criatura pudiera sobrevivir. 


Cuando la princesa se despertó, lo primero que vio fue la cara de tristeza de su esposo y supo que algo pasaba. El médico le explicó lo sucedido y ella sintió que el corazón se le paraba. Rompió en llanto, abrazada a su esposo. Pero éste la tranquilizo. Él se negaba a perder la esperanza. El niño estaba vivo y luchando con fuerza cada hora. Sabía que no sería fácil, pero algo dentro de él le decía que ese niño saldría adelante. Lo sabía por la manera en que se aferraba a la vida cada segundo.


Y cada día que pasaba les sorprendía con un nuevo progreso. El niño había salido tragón y cada día iba ganando peso. Y había salido peleón. sólo había que ver la fuerza con la que lloraba cuando le hacían algo que no le gustaba. En su estancia, protegido como si del útero materno se tratara, el niño se empeñaba en demostrar lo equivocados que estaban los que decían que no sobreviviría.


Y llegó el día de Navidad. El pequeño, que ya pesaba 2600g, estaba preparado para dejar su habitación especial y salir al mundo. Y ese fue el mejor regalo de navidad que sus padres y todo el reino recibió jamás. 


Y colorín colorado este cuento se ha acabado.

Hugo, este cuento es para ti.

Anuncios

Un gobierno en funciones no puede aprobar hoy la ley Sinde.

Ante la previsible aprobación dentro de unas horas de la polémica «Ley Sinde», los periodistas, bloggers, usuarios, profesionales y creadores de Internet seguimos manifestando, como hicimos en el Manifiesto en defensa de los derechos fundamentales en Internet de 2 de diciembre de 2009, nuestra firme oposición a una norma que incluye modificaciones legislativas que afectan al libre ejercicio de las libertades de expresión, información y el derecho de acceso a la cultura a través de Internet.
En principio no parece de recibo que un Gobierno en funciones adopte esta decisión en su último o uno de sus últimos Consejos de Ministros.
Sería doblemente grave que se confirmaran las presiones ejercidas por EEUU, a través de su embajada en Madrid, como revelaron los cables de Wikileaks, por lo que insistimos en estos razonamientos:
Los derechos de autor no pueden situarse por encima de los derechos fundamentales de los ciudadanos, como el derecho a la privacidad, a la seguridad, a la presunción de inocencia, a la tutela judicial efectiva y a la libertad de expresión.
La suspensión de derechos fundamentales es y debe seguir siendo competencia exclusiva del poder judicial. Ni un cierre sin sentencia. Este anteproyecto, en contra de lo establecido en el artículo 20.5 de la Constitución, pone en manos de un órgano no judicial -un organismo dependiente del ministerio de Cultura-, la potestad de impedir a los ciudadanos españoles el acceso a cualquier página web.
La nueva legislación creará inseguridad jurídica en todo el sector tecnológico español, perjudicando uno de los pocos campos de desarrollo y futuro de nuestra economía, entorpeciendo la creación de empresas, introduciendo trabas a la libre competencia y ralentizando su proyección internacional.
La nueva legislación propuesta amenaza a los nuevos creadores y entorpece la creación cultural. Con Internet y los sucesivos avances tecnológicos se ha democratizado extraordinariamente la creación y emisión de contenidos de todo tipo, que ya no provienen prevalentemente de las industrias culturales tradicionales, sino de multitud de fuentes diferentes.
Los autores, como todos los trabajadores, tienen derecho a vivir de su trabajo con nuevas ideas creativas, modelos de negocio y actividades asociadas a sus creaciones. Intentar sostener con cambios legislativos a una industria obsoleta que no sabe adaptarse a este nuevo entorno no es ni justo ni realista. Si su modelo de negocio se basaba en el control de las copias de las obras y en Internet no es posible sin vulnerar derechos fundamentales, deberían buscar otro modelo.
Consideramos que las industrias culturales necesitan para sobrevivir alternativas modernas, eficaces, creíbles y asequibles y que se adecuen a los nuevos usos sociales, en lugar de limitaciones tan desproporcionadas como ineficaces para el fin que dicen perseguir.
Internet debe funcionar de forma libre y sin interferencias políticas auspiciadas por sectores que pretenden perpetuar obsoletos modelos de negocio e imposibilitar que el saber humano siga siendo libre.
Exigimos que el Gobierno garantice por ley la neutralidad de la Red en España, ante cualquier presión que pueda producirse, como marco para el desarrollo de una economía sostenible y realista de cara al futuro.
Proponemos una verdadera reforma del derecho de propiedad intelectual orientada a su fin: devolver a la sociedad el conocimiento, promover el dominio público y limitar los abusos de las entidades gestoras.
En democracia las leyes y sus modificaciones deben aprobarse tras el oportuno debate público y habiendo consultado previamente a todas las partes implicadas. No es de recibo que se realicen cambios legislativos que afectan a derechos fundamentales en una ley no orgánica y que versa sobre otra materia.
Pásalo y Publícalo.