Carta de despedida al 2015.

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Apreciado 2015,

Más que una carta de despedida casi voy a escribirle una carta de despido. La verdad, sé que sólo traía 365 días pero la verdad es que se me ha hecho largo, muy largo. Con las esperanzas con las que lo recibía hace ahora un año y lo rápido que me decepcionó. No, no me ponga excusas, no me venga con eso de que todo es culpa de la herencia recibida de 2014. Usted no hizo nada por arreglar el desaguisado de un año que terminaba con el número nefasto ¡¡¡maldito nº14!!!

Porque de usted esperaba mucho, con es nº15 tan hermoso. Pero no, ni siquiera había terminado el mes de Enero y ya estaba claro que no iba a ser un buen año. Pasaban los meses y la cosa no mejoraba, al contrario… La cosa iba a peor, era peor que, incluso, el año anterior… del número nefasto me esperaba cualquier cosa y todo malo, por eso me ha decepcionado tanto.

Me dirá que usted sólo pone los 365 días, que de llenar esos días se tiene que encargar cada uno de los mortales, que sólo le faltaría ir repartiendo a tutiplén la suerte o la desgracia, que eso no le entra en la miseria que le pagan.Que seguramente también ha tenido momentos y días buenos o muy buenos… Seguramente tiene razón…pero que quiere, siempre es más fácil quejarse y echar la culpa a otro antes que hacer ejercicio de humildad y reconocer que uno tiene la culpa (o el acierto) de las cosas que le pasan.

Sí, ha leído bien, estoy reconociendo que yo tengo gran parte de la culpa de ésta decepción…

Me gustaría que esta noche nos despidiéramos, sino como buenos e íntimos amigos, como cordiales conocidos que han recorrido juntos un largo y tortuoso camino y que ahora deben separarse y seguir cada uno una senda diferente. Por eso quiero desearle lo mejor dónde quiera que sea que vayan los años que ya han cumplido su misión y espero que usted me haga el honor de desearme la misma suerte.

Compañero 2015, “Namarië mellon”

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Navidad en verso.

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Hoy os traigo un poema escrito por el Hada Piruleta, una jovencísima hada golosina. A ella le encanta la poesía y ya hace sus pinitos como poetisa. De hecho ganó el festival de primavera del Bosque de los Confites. Pero eso es otra historia que os contaré otro día.

¡Que llega la Navidad! (por el Hada Piruleta) 

¡Que llega la Navidad!
Todo el mundo a despertar.
Para que Papá Noel,
los regalos pueda traer.
A los niños les encanta,
Cada año le dan una carta,
Y además le comentan:
¿Papá Noel, que me cuentas?
Papá Noel les responde:
“por allí, en el polo Norte
Con los elfos, que me ayudan
a que la Navidad al fin fluya.
Al acabar la conversa
la niña le comenta:
Papá Noel, me tengo que ir
que mis padres me esperan allí.
Papá Noel se despide
pero esto aún sigue
porque llega otro niño
y le comenta lo mismo.
Al fin acaba esto,
la cola queda como un desierto
los niños ya se han ido
y hacia el polo Norte, él seguido
Y con la mano en el pecho
Los niños dicen esto:
Papá Noel vendrá
Al fin, esta Navidad.

 

 

La niña que amaba la Navidad.

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La niña que amaba la Navidad. (por Jengibre)

Erase una vez una niña que amaba la Navidad, más que a todas las cosas. Más que a su muñeca Marita; más que a las madalenas de la abuela que son las más dulces, tiernas y esponjosas que ha comido nunca. Más que los dulces que cada domingo le compran Papá y Mamá. Más que a las vacaciones de verano, no ir al cole y poder pasar todo el tiempo en casa de los abuelos jugando de la mañana a la noche era divertido, pero le faltaba eso que hacía diferente a la Navidad, le faltaba la MAGIA.
Por todo eso la niña contaba cuanto faltaba para el mes de diciembre durante todo el año. No es que no disfrutara de los once meses restantes… bueno, quizás noviembre no lo disfrutaba en absoluto, estaba demasiado impaciente ya por que pasara rápido. Esos treinta días se le hacían larguísimos.
Pero todo pasa, hasta el oscuro y frío mes de noviembre llegaba a su fin, dejando a Diciembre entrar en su vida llenándolo todo de luz, color y felicidad. No podía explicar porqué pero todo cambiaba esos días. Las calles de su pequeña ciudad se llenaban de luces de colores. Por doquier surgían abetos engalanados con guirnaldas y adornos de brillantes colores. Hasta la gente estaba diferente, todos eran más amables. Incluso Paco, el tendero de la esquina que solía ser huraño y mal humorado, en cuanto la señora Pepa (su esposa) colgaba cuatro guirnaldas era capaz de esbozar el tímido asomo de una sonrisa bajo su negro y poblado bigote.
También el colegio y sus aburridas lecciones y tareas se hacían más soportables. En cuanto Diciembre asomaba la nariz, empezaban los ensayos para el concurso anual de villancicos. Cada clase tenía que preparar dos canciones para el festival que tradicionalmente se celebraba el último día de clase antes de las vacaciones navideñas. Y el concurso iba muy en serio, delante de todo el colegio y de los padres cada clase luchaba por el honor de llevarse la copa dorada que luciría orgullosa todo el año. Su clase llevaba dos años seguidos teniéndola en sus vitrinas. Algo de lo que la niña se sentía muy orgullosa, era una hazaña que nunca antes nadie había conseguido, y sabía que en gran parte ella era el artífice de ese triunfo, pues cantar era lo segundo que más le gustaba, justo detrás de la Navidad, por supuesto.
Si todo el tiempo y el entusiasmo que dedicaba a la música lo dedicara a las matemáticas, por ejemplo, sería la primera de la clase, o eso es lo que siempre decía la Señorita maría a sus padres cuando les citaba para quejarse de sus escasos progresos académicos. Pero ¿cómo explicarle que no podía evitarlo? Venía de una familia de músicos que se remontaba como un par de siglos atrás. Papá decía que llevaban la música en la sangre. Lástima que Mamá siempre le regañara cuando decía esto. Mamá quería que su hija estudiara y fuera una mujer de provecho, porque la música no daba para vivir con desahogo. Papá tocaba en la banda municipal y daba clases en el conservatorio. No tenían lujos y llegar a fin de mes suponía un reto, pero nunca les faltaba un plato caliente en la mesa y tenían un hogar feliz. Eso les bastaba. Y aunque Mamá fruncía el ceño y fingía enfadarse con Papá, por dentro no podía estar más de acuerdo con su esposo, el hombre que llenaba su mundo de música, alegría y amor, sobretodo mucho amor.
Y, por fin, una mañana al despertar ya era Nochebuena, el día más mágico del año y su favorito más favorito de los 365 días del año. Saltó de la cama a la primera, sin remolonear entre las mantas como hacía los demás días, sobre todo los días de colegio; ¡tenía tantas cosas que hacer y tan poco tiempo para hacerlas! Tenía que preparar las cosas que se llevaría a casa de los abuelos… y no era un asunto baladí. Abrió cajones y fue sacando cosas del armario y poco a poco fue seleccionando lo que se llevaría. Sabía que luego Mamá descartaría algunas cosas y añadiría otras… Se vistió y se peinó en un segundo, no había tiempo que perder pues cuando Papá decía que saldrían a una hora no le gustaban los retrasos. Además, tenía tantas ganas de llegar al pueblo donde vivían sus abuelos, que antes de la hora ya estaba preparada y dispuesta para viajar, mirando divertida como Papá y Mamá se aseguraban por tercera vez que el gas y el agua estuvieran cerrados y que llevaban todo el equipaje necesario. Sus Papás se ponían muy nerviosos antes de viajar, y eso le hacía mucha gracia, no entendía por qué. A ella le encantaba viajar. Como no tenían automóvil pues era muy caro de mantener y su Papá prefería destinar ese dinero a otras cosas que él consideraba más importantes, viajaban en tren. ¡¡¡Y era maravilloso viajar así!!!! ¡Adoraba los trenes! En cuanto llegaban a la estación la aventura empezaba. Cada uno llevaba su maleta, bueno, en realidad era Papá el que cargaba con la maleta más grande y pesada; ella apenas llevaba una pequeña bolsa de viaje con sus juguetes, libros y un cuaderno de pintar con sus lápices de colores. También llevaban una bolsa con bocadillos y un termo enorme con café con leche. El pueblo de los abuelos estaba un poco lejos de donde ellos vivían y el viaje en tren duraba muchas horas. También llevaban el violín de papá. Nunca viajaba sin su violín. Él decía que era su más y mejor amigo; Mamá decía que muchas veces el violín era el que hablaba por él pues Papá era hombre de pocas palabras. Si Mamá tenía razón o no, no lo sabía, pero la verdad es que Papá tocaba el violín como los ángeles. A ella le encantaba oírlo tocar y sabía que para amenizar las largas horas de trayecto su padre sacaría su violín y haría lo que mejor sabía hacer. Se abstraía de todo lo que le rodeaba y se dejaba llevar por la música. Y todo el mundo en el vagón le escuchaba. Su música era capaz de atraparlos en su magia, creando una ola de camaradería que duraba todo el viaje. Cuando llegaron a su destino, todo el mundo les aplaudía y les agradecía el improvisado concierto que tanto les había distraído. Pero ella ya no les prestaba atención, ¡acababa de ver a su abuelo en la estación!
Sus abuelos vivían en una casa muy antigua, con un gran patio para jugar y un desván encantado donde perderse y soñar. Tenía tantas habitaciones que la mayoría ya sólo se usaban en navidad cuando se juntaba toda la familia. Era una casa de piedras tan antiguas como el tiempo y que hablaban de tiempos mejores. Ahora sólo vivían allí los abuelos, que se resistían a dejar su hogar. Pero en Navidad toda la familia acudía allí para la cena de Nochebuena. La casa volvía a estar llena. Todo era ajetreo y risas y hasta las piedras milenarias eran menos grises y más felices. Un árbol de navidad enorme presidía el comedor y todo era luz y color por doquier. Era maravilloso estar de vuelta y que fuera Navidad.
Todos estaban allí ya, esperándolos, la mesa preparada, dispuesta para la cena. La niña se sentía muy feliz. Allí, con toda su familia reunida, todos juntos y felices por estar reunidos un año más. Eso era lo que más le gustaba de la Navidad, por eso era su época favorita.
Tras la cena, Papá cogía su violín, el abuelo se sentaba al piano y sus tíos sacaban los instrumentos y ¡empezaba la verdadera fiesta! La abuela, con su maravillosa voz de soprano, cantaba los villancicos tradicionales como si en lugar del comedor de su vieja casa estuviera en los teatros de su juventud. Y ella, contagiada por la magia del momento, se animaba a acompañarla. Cerraba los ojos, se dejaba envolver por la música, y cantaba con todo su corazón. Eso era para ella la felicidad absoluta, estar rodeaba por la gente que quería, cantando feliz. Eso era para ella la Navidad, la auténtica Navidad.

El club del cangrejo.

Rinconcito poético.

He leído un artículo en El Periódico en el que Pau Donés (Jarabe de Palo) y su oncóloga hablan sobre el tipo de cáncer que sufre. Un artículo que me ha gustado muchísimo y que da una lección magistral de vida, de cómo afrontar una enfermedad que a día de hoy sigue siendo tabú, una enfermedad que todavía hoy mucho enfermos se niegan a reconocer e incluso evitan llamarla por su nombre. Como si al no nombrarla no fuera real. En esta entrevista, Pau cuenta cómo LaMari de Chambao le dio la bienvenida al “club del cangrejo” (ella sufrió un cáncer de mama). Me he encantado esa manera de aceptar la enfermedad y a la vez relativizarla, hacerla menos temible. Hablar del cangrejo o cangrejito (cómo también le he oído a Pau nombrarlo me ha parecido la manera más sensata de no dejarse llevar por el miedo a una palabra: Cáncer (cáncer es cangrejo en latín). ¿Porqué me parece sensato eso? Pues muy sencillo, no puedes superar nada si no lo afrontas y lo aceptas antes. Si no quieres reconocer que tienes un tumor maligno, si te niegas a nombrarlo siquiera te estás negando a reconocer siquiera que estás enferma ergo tu mente y tu cuerpo estarán realmente en conflicto. No hay que temer a un nombre, un miedo que se convertirá en pánico y que te bloqueará para enfrentarte a él. Bastante dura y difícil es la enfermedad para perder el tiempo en bloqueos y pánicos  que te restan energías.

Como miembro del Club del cangrejo, tengo que reconocer que nunca he tenido ningún reparo en nombrar a mi tumor por su nombre y apellidos (sí el mío tiene nombre y apellidos) sarcoma sinovial de partes blandas, ¿a que suena bonito? Nunca he tenido ningún problema en decir que tenía cáncer, es más me cabreaba sobremanera el que la gente, al decirlo, me mirara como con pena, como si ya me hubiera muerto…¡¡¡me ponía de los nervios!!! Me daban ganas de gritarles: ¡¡¡mírame, estoy tan viva como tú!!! Recuerdo que lo primero que le dije a mi médico, El Dr. Manuel Pérez del Hospital traumatológico de la Vall d’Hebrón, cuando me confirmó que se trataba de un tumor maligno muy agresivo fue, “vale, y ahora cómo lo matamos”. Una variación del: “Qué es y como lo mato” que dice Hugh Jackman en la película Van Helsing, película que había visto poco tiempo antes y que me gustó mucho.  Recuerdo que el Dr. Pérez se quedó asombrado con mi respuesta, creo que no se la esperaba. Le gustó mi actitud y me informó de todos los procesos a seguir. Con sinceridad pero sin dramas ni alarmismos. Se lo agradeceré siempre. De hecho siempre digo que es el “hombre de mi vida” pues gracias a él sigo teniendo eso, vida. La primera vez que lo dije mi padre se puso un poco celoso  pero estuvo de acuerdo conmigo cuando le expliqué el porqué.

Recuerdo que yo en ningún momento le pregunté por el tiempo de vida aproximado que me quedaba, ¿para qué? Pero recuerdo que mi padre si lo hizo, y¡¡¡ me encantó su respuesta!!! Dijo que él era médico y no adivino, y tema solucionado… me dieron ganas de aplaudirle y todo. Porque ¿qué pregunta es esa? ¿Acaso alguien tiene una especie de seguro de vida que le garantice vivir 100 años? ¿Alguno piensa en que cada noche puede ser la última de su vida? Pues así es. Nadie tiene nada asegurado. Nadie tiene una vida asegurada, nadie tiene asegurado que no sufrirá enfermedades o accidentes. Sólo tenemos una cosa segura, que todos moriremos. Que nuestro tiempo es limitado y que de cuánto tiempo disponemos es terra incognita. Pero no veo que a nadie le preocupe ese tema, por como la mayoría vive su vida. Se pospone siempre lo importante, como la felicidad, el amor, pasar tiempo con los hijos por las cosas que en realidad no lo son pero que lo hemos hecho importantes nosotros, como matarnos a trabajar echando más horas que un reloj sólo por tener cosas materiales como un coche mejor, una casa de vacaciones o viajes a lugares exóticos porque creemos que el estatus nos dará la felicidad, cuando sólo nos roba un tiempo precioso que no recuperaremos nunca. Y claro, luego enfermas o tienes un accidente o te da un infarto o un ictus y te das cuenta de que en realidad no has vivido la vida que querías, que no echas de menos el no haber viajado a Bali pero darías todo el oro del mundo por no haberte perdido ver crecer a tus hijos, o todos los te quiero que no has dicho porque  siempre estabas ocupado. Y es entonces cuando quieres, necesitas saber cuánto tiempo te queda para enmendar y recuperar el tiempo perdido. Pero eso no es posible, nunca se recupera el tiempo que ha pasado, sólo puedes aprovechar el tiempo a partir de ahora. Poner en orden tus prioridades y vivir tu vida como tú quieras porque es la única manera de vivir y porque cuando llegue el momento nadie morirá por ti.

Pues eso, vivamos cada segundo que tenemos, porque la vida no se trata de cuan larga sea sino de cuan vivida sea. Porque cada día puede ser el último de nuestra vida es por lo que tenemos que vivirlo como si en realidad lo fuera.

Eso fue lo que aprendí hace ya casi 13 años, a las malas, por su puesto… por eso quiero trasmitíroslo a todos vosotros.  ¿Por qué ahora? Pues porque estoy a poco más de un mes de volver a tener que pasar por quirófano, esta vez para una reconstrucción de la zona operada e irradiada hace 12 años. Porque voy a pasar estas fiestas navideñas como si fueran las últimas, no porque crea que van a ser las últimas sino porque sé que las voy a vivir a tope, disfrutando cada segundo de las fiestas que más me gustan… porque creo que esa es la única manera de vivir la vida…

Imagine, 35 años sin John Lennon.

Hoy se cumplen 35 años de la muerte de Lennon, no se me ocurría mejor homenaje que esta canción, en la que Lennon nos invitaba no sólo a soñar por un mundo sin cielo ni infierno, sin fronteras, nada por lo que morir ni matar, sin religiones, sólo gente viviendo su vida en paz. Han pasado 35 años y cada día estamos más lejos de ese mundo soñado. Si eso pasara, si todos entendiéramos que somos iguales más allá de nuestro color o de nuestra lengua, que sólo hay una raza, la humana y un sólo país, la Tierra; a los que dirigen todo este mundo se les terminaría el chollo, porque ellos prefieren que tengamos miedo al diferente para así dominarnos y seguir ganando fortunas con la muerte y el hambre.

Os dejo una versión maravillosa de Imagine por el reparto de la serie Glee. Un coro de chicos sordos interpreta magistralmente la canción.

Imagine (Lennon)

Imagine there’s no Heaven
It’s easy if you try
And no Hell below us
Above us only sky

Imagine all the people
Living for today
Imagine there’s no country
It isn’t hard to do

Nothing to kill or die for
And no religion too
Imagine all the people
Living life in peace

You may say I’m a dreamer
But I’m not the only one
I hope someday you will join us
And the world will be as one

Imagine no posessions
I wonder if you can
No need for greed or hunger
Or Brotherhood of Man

Imagine all the people
Sharing all the world
You may say that I’m a dreamer
But I’m not the only one

I hope someday you will join us
And the world will be as one

Querido John, muchos seguimos soñando que es posible un mundo que compartamos todos en paz, aunque cada vez se vuelva más difícil seguir haciendolo…

Diciembre poético.

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Canción para la Navidad. (José Luis Perales)
Navidad, es Navidad
Toda la tierra se alegra
Y se entristece la mar
Marinero, a donde vas?
Deja tus redes y reza
Mira la estrella pasar

Marinero, marinero
Haz en tu barca un altar
Marinero, marinero
Porque llego Navidad.

Marinero, marinero
Haz en tu barca un altar
Marinero, marinero
Porque llego Navidad.

Noches blancas de hospital
Deja el llanto esta noche
Que el niño está por llegar.
Caminante sin hogar
Ven a mi casa esta noche
Que mañana Dios dirá.

Caminante, caminante
Deja tu alforja llenar
Caminante, caminante
Porque llego Navidad.

Caminante caminante
Deja tu alforja llenar
Caminante caminante
Porque llego Navidad.

Ven soldado vuelve ya
Para curar tus heridas,
Para prestarte la paz.
Navidad, es Navidad,
Toda la tierra se alegra
Y se entristece la mar.

Tu que escuchas mi mensaje
Haz en tu casa un altar,
Deja el odio y ven conmigo
Porque llego Navidad.

Tu que escuchas mi mensaje
Haz en tu casa un altar
Deja el odio y ven conmigo
Porque llego Navidad.

Y en la misa del gallo
Los coros desgarran sus cuerdas
Y extasiada ante el
Cristo que nace
Una madre reza por el hijo
Que fuera de casa sentirá tristeza
Y los ojos del hijo esa noche…
Llorarán con ella…..

Tu que escuchas mi mensaje
Haz en tu casa un altar
Deja el odio y ven conmigo
Porque llego Navidad.