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25 de abril, aparentemente un lunes normal, un día más de este abril que ya huele a primavera. ¿Normal? no, en realidad no es un día normal, no para mi. Hoy, como cada 25 de abril desde el año 2003, es un día muy especial para mi. Es el día en que celebro que ese 25 de abril de 2003 volvía a nacer. Digamos que es mi cumpleaños con la vida, mi “cumplevida” o como yo lo llamo, mi segundo cumpleaños.

Trece años se cumplen hoy, parece mentira. Eso de que el tiempo vuela es cierto. Recuerdo aquel día casi como si fuera ayer, cómo si fuera una de las mayores aventuras de mi vida. Corrijo, es la mayor aventura de mi vida.

Por eso me gusta celebrarlo como se merece, con pastel, soplando las velas y pidiendo un deseo.

Y ahora… ¡¡¡a por el 13+1!!!

 

Un aniversario especial.

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Hoy es un día muy especial para mi. Hoy celebro un “cumpleaños” muy especial. Tal día como hoy, pero hace ya 40 años llegaba a la ciudad de Barcelona. Era 1976, una época convulsa y muy importante en la historia de este país y yo, a mis 8 años, me veía obligada a dejar atrás toda mi vida y empezar de nuevo en otro lugar, lejos de todos mis amigos y la gran parte de mi familia.
Mentiría si dijera que el traslado no fue un poco traumático. Los primeros días, cada noche cuando me iba a dormir quería que al despertarme volviera a estar en la ciudad donde había nacido y vivido hasta ese fatídico 8 de marzo.  Echaba de menos a todos mis amigos, a mis abuelos a los que iba a visitar cada fin de semana y que con el traslado sólo podría ver dos o tres veces al año. Creía que no volvería a hacer amigos.
Pero los días iban pasando, los nuevos vecinos nos acogieron con los brazos abiertos y creo que a la semana ya había hecho una amiga del alma y un montón de nuevos compañeros de juegos y travesuras.
Y el MAR… el mar fue la gran revelación, el motivo que hizo más fácil mi adaptación a la nueva y enorme ciudad. Ahora no concibo vivir alejada de este mediterráneo que me “adoptó” y me acogió entre sus aguas, esas aguas donde, como cantaba Serrat, sigue jugando mi niñez. Ese mar frente al que he llorado penas de amor, el que ha vivido conmigo el miedo, la esperanza y la felicidad más absoluta. El que me ha dado fuerzas para no desfallecer cuando se hacía difícil luchar contra ese sarcoma y sus puñeteros efectos secundarios. Ese en el que tengo el mono de sumergirme en cuanto el estado de mi pierna operada me permita hacerlo.
El mar lo cambia  todo. No puedo explicar porqué. Y en un día como hoy sólo siento no poder estar a su orilla para celebrar nuestro aniversario tan especial. Pero sé que muy pronto volveremos a estar juntos.

¡¡¡FELIZ ANIVERSARIO, MI QUERIDA BARCELONA!!!!

¡¡De vuelta a casa!!

Semana de hospital.

 Parece mentira, pero ya hace casi mes y medio que despedía de todos vosotros por un tiempo que esperaba y confiaba no fuera demasiado largo. Motivos de salud me obligaban a ello. Llevaba casi dos años en lista de espera para una operación más que necesaria. Dicen que todo llega al que sabe esperar, es cierto…

El 25 de enero entraba en quirófano, en el hospital de trauma de la Vall d’Hebrón. A las 8:30, entraba como las divas o la realeza pues ya estaban todos dentro esperándome. El quirófano era enorme y muy moderno, de paredes azules y unas regletas de luces de colores en el techo. La verdad… por unos minutos lamenté que me fueran a dormir y no poder seguir admirando todos los gadgets y demás accesorios del quirófano. Pero sólo por un instante… en cuanto conocí al que sería mi anestesista, un doctor moreno,  alto y delgado como un lápiz, simpático, mucho, incluso a esa hora temprana de la mañana de un lunes. Vamos que en cuanto le conocí sólo tuve ganas de ponerme en sus expertas manos y dejar que me llevara al reino de los sueños.

Diez horas más tarde me despertaba en la unidad de reanimación. Despertar es una manera muy optimista de decirlo… muy despierta no estaba. Recuerdo que cuando volví en mí lo primero que se me ocurrió preguntar fue “¿ya no tengo barriga?”, nada de como había ido la operación o algo por el estilo… Así soy yo… Y no recuerdo mucho más de ese momento. Mis familiares me decían cosas que yo con la cantidad de calmantes que llevaba encima ni siquiera recuerdo. La verdad… benditos calmantes… gracias a ellos la noche en reanimación fue llevadera y conseguía dormir a pesar del manguito del tensiómetro apretando mi brazo cada 5 minutos, los gritos de pacientes desorientados o los miles de pitidos de los miles de aparatos que controlaban las constantes vitales, sueros y calmantes de 13 pacientes recién operados.

Contado así parecería que ese lugar hubiera sido la antesala del mismo infierno, pero tampoco fue tan horrible, también hubo un momento de buen humor, justo de madrugada cuando la mayoría de pacientes dormía plácidamente (hasta el pobre anciano que se había pasado la noche desorientado, chillando y arrancándose vías y sondas). En ese momento dos pacientes estábamos despiertos y con las enfermeras más relajadas tras la dura noche pasada, hicimos unas risas, todos empezamos a decir lo que nos apetecía para desayunar. Contando que la mayoría llevábamos casi 24 horas en ayunas la cosa tenia su gracia. Lástima que apareciera un médico aguafiestas y nos cortara el rollo…

Parezco una abuelita contando batallitas… esta entrada sólo era para decir ¡¡¡¡hola, he vuelto!!!!! Pero ahora que lo pienso, no sería mala idea relatar mis aventuras en el hospital. Total mientras dura la convalecencia no tengo demasiadas cosas que hacer…

Como terminaría mi escritor favorito: “esa es otra historia y merece ser contada en otra ocasión”

Que difícil es decir adiós…

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Que difícil es decir adiós… Adiós, una palabra tan corta, tan definitiva… y tan inevitable… como la muerte.  Hoy me he despertado con la noticia de que David Bowie había fallecido ayer y me he quedado helada. No me lo podía creer, hacía sólo unos días que había cumplido 69 años, además acababa de salir un nuevo álbum… pero sí, era verdad que Bowie ya no estaba entre nosotros. La muerte tiene esas cosas… que nunca sabes cuando llegará.

He leído que llevaba 18 meses luchando contra un cáncer… Cáncer… una palabra tan corta y a la vez tan cargada de dolor y sufrimiento. Como adiós, cinco letras que uno nunca quiere escuchar… ni tener que decir…

Bowie, el hombre de las mil caras, el rey de las reinvenciones, el duque blanco, Ziggy Stardust, Starman… nos deja un poco huérfanos a todos los que amamos la música. Nos queda el consuelo de sus canciones inolvidables, como “Space oddity”, Life on Mars?, Aladdin sane o Heroes.

Descansa en paz, David Bowie!

Carta de despedida al 2015.

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Apreciado 2015,

Más que una carta de despedida casi voy a escribirle una carta de despido. La verdad, sé que sólo traía 365 días pero la verdad es que se me ha hecho largo, muy largo. Con las esperanzas con las que lo recibía hace ahora un año y lo rápido que me decepcionó. No, no me ponga excusas, no me venga con eso de que todo es culpa de la herencia recibida de 2014. Usted no hizo nada por arreglar el desaguisado de un año que terminaba con el número nefasto ¡¡¡maldito nº14!!!

Porque de usted esperaba mucho, con es nº15 tan hermoso. Pero no, ni siquiera había terminado el mes de Enero y ya estaba claro que no iba a ser un buen año. Pasaban los meses y la cosa no mejoraba, al contrario… La cosa iba a peor, era peor que, incluso, el año anterior… del número nefasto me esperaba cualquier cosa y todo malo, por eso me ha decepcionado tanto.

Me dirá que usted sólo pone los 365 días, que de llenar esos días se tiene que encargar cada uno de los mortales, que sólo le faltaría ir repartiendo a tutiplén la suerte o la desgracia, que eso no le entra en la miseria que le pagan.Que seguramente también ha tenido momentos y días buenos o muy buenos… Seguramente tiene razón…pero que quiere, siempre es más fácil quejarse y echar la culpa a otro antes que hacer ejercicio de humildad y reconocer que uno tiene la culpa (o el acierto) de las cosas que le pasan.

Sí, ha leído bien, estoy reconociendo que yo tengo gran parte de la culpa de ésta decepción…

Me gustaría que esta noche nos despidiéramos, sino como buenos e íntimos amigos, como cordiales conocidos que han recorrido juntos un largo y tortuoso camino y que ahora deben separarse y seguir cada uno una senda diferente. Por eso quiero desearle lo mejor dónde quiera que sea que vayan los años que ya han cumplido su misión y espero que usted me haga el honor de desearme la misma suerte.

Compañero 2015, “Namarië mellon”

El club del cangrejo.

Rinconcito poético.

He leído un artículo en El Periódico en el que Pau Donés (Jarabe de Palo) y su oncóloga hablan sobre el tipo de cáncer que sufre. Un artículo que me ha gustado muchísimo y que da una lección magistral de vida, de cómo afrontar una enfermedad que a día de hoy sigue siendo tabú, una enfermedad que todavía hoy mucho enfermos se niegan a reconocer e incluso evitan llamarla por su nombre. Como si al no nombrarla no fuera real. En esta entrevista, Pau cuenta cómo LaMari de Chambao le dio la bienvenida al “club del cangrejo” (ella sufrió un cáncer de mama). Me he encantado esa manera de aceptar la enfermedad y a la vez relativizarla, hacerla menos temible. Hablar del cangrejo o cangrejito (cómo también le he oído a Pau nombrarlo me ha parecido la manera más sensata de no dejarse llevar por el miedo a una palabra: Cáncer (cáncer es cangrejo en latín). ¿Porqué me parece sensato eso? Pues muy sencillo, no puedes superar nada si no lo afrontas y lo aceptas antes. Si no quieres reconocer que tienes un tumor maligno, si te niegas a nombrarlo siquiera te estás negando a reconocer siquiera que estás enferma ergo tu mente y tu cuerpo estarán realmente en conflicto. No hay que temer a un nombre, un miedo que se convertirá en pánico y que te bloqueará para enfrentarte a él. Bastante dura y difícil es la enfermedad para perder el tiempo en bloqueos y pánicos  que te restan energías.

Como miembro del Club del cangrejo, tengo que reconocer que nunca he tenido ningún reparo en nombrar a mi tumor por su nombre y apellidos (sí el mío tiene nombre y apellidos) sarcoma sinovial de partes blandas, ¿a que suena bonito? Nunca he tenido ningún problema en decir que tenía cáncer, es más me cabreaba sobremanera el que la gente, al decirlo, me mirara como con pena, como si ya me hubiera muerto…¡¡¡me ponía de los nervios!!! Me daban ganas de gritarles: ¡¡¡mírame, estoy tan viva como tú!!! Recuerdo que lo primero que le dije a mi médico, El Dr. Manuel Pérez del Hospital traumatológico de la Vall d’Hebrón, cuando me confirmó que se trataba de un tumor maligno muy agresivo fue, “vale, y ahora cómo lo matamos”. Una variación del: “Qué es y como lo mato” que dice Hugh Jackman en la película Van Helsing, película que había visto poco tiempo antes y que me gustó mucho.  Recuerdo que el Dr. Pérez se quedó asombrado con mi respuesta, creo que no se la esperaba. Le gustó mi actitud y me informó de todos los procesos a seguir. Con sinceridad pero sin dramas ni alarmismos. Se lo agradeceré siempre. De hecho siempre digo que es el “hombre de mi vida” pues gracias a él sigo teniendo eso, vida. La primera vez que lo dije mi padre se puso un poco celoso  pero estuvo de acuerdo conmigo cuando le expliqué el porqué.

Recuerdo que yo en ningún momento le pregunté por el tiempo de vida aproximado que me quedaba, ¿para qué? Pero recuerdo que mi padre si lo hizo, y¡¡¡ me encantó su respuesta!!! Dijo que él era médico y no adivino, y tema solucionado… me dieron ganas de aplaudirle y todo. Porque ¿qué pregunta es esa? ¿Acaso alguien tiene una especie de seguro de vida que le garantice vivir 100 años? ¿Alguno piensa en que cada noche puede ser la última de su vida? Pues así es. Nadie tiene nada asegurado. Nadie tiene una vida asegurada, nadie tiene asegurado que no sufrirá enfermedades o accidentes. Sólo tenemos una cosa segura, que todos moriremos. Que nuestro tiempo es limitado y que de cuánto tiempo disponemos es terra incognita. Pero no veo que a nadie le preocupe ese tema, por como la mayoría vive su vida. Se pospone siempre lo importante, como la felicidad, el amor, pasar tiempo con los hijos por las cosas que en realidad no lo son pero que lo hemos hecho importantes nosotros, como matarnos a trabajar echando más horas que un reloj sólo por tener cosas materiales como un coche mejor, una casa de vacaciones o viajes a lugares exóticos porque creemos que el estatus nos dará la felicidad, cuando sólo nos roba un tiempo precioso que no recuperaremos nunca. Y claro, luego enfermas o tienes un accidente o te da un infarto o un ictus y te das cuenta de que en realidad no has vivido la vida que querías, que no echas de menos el no haber viajado a Bali pero darías todo el oro del mundo por no haberte perdido ver crecer a tus hijos, o todos los te quiero que no has dicho porque  siempre estabas ocupado. Y es entonces cuando quieres, necesitas saber cuánto tiempo te queda para enmendar y recuperar el tiempo perdido. Pero eso no es posible, nunca se recupera el tiempo que ha pasado, sólo puedes aprovechar el tiempo a partir de ahora. Poner en orden tus prioridades y vivir tu vida como tú quieras porque es la única manera de vivir y porque cuando llegue el momento nadie morirá por ti.

Pues eso, vivamos cada segundo que tenemos, porque la vida no se trata de cuan larga sea sino de cuan vivida sea. Porque cada día puede ser el último de nuestra vida es por lo que tenemos que vivirlo como si en realidad lo fuera.

Eso fue lo que aprendí hace ya casi 13 años, a las malas, por su puesto… por eso quiero trasmitíroslo a todos vosotros.  ¿Por qué ahora? Pues porque estoy a poco más de un mes de volver a tener que pasar por quirófano, esta vez para una reconstrucción de la zona operada e irradiada hace 12 años. Porque voy a pasar estas fiestas navideñas como si fueran las últimas, no porque crea que van a ser las últimas sino porque sé que las voy a vivir a tope, disfrutando cada segundo de las fiestas que más me gustan… porque creo que esa es la única manera de vivir la vida…

Imagine, 35 años sin John Lennon.

Hoy se cumplen 35 años de la muerte de Lennon, no se me ocurría mejor homenaje que esta canción, en la que Lennon nos invitaba no sólo a soñar por un mundo sin cielo ni infierno, sin fronteras, nada por lo que morir ni matar, sin religiones, sólo gente viviendo su vida en paz. Han pasado 35 años y cada día estamos más lejos de ese mundo soñado. Si eso pasara, si todos entendiéramos que somos iguales más allá de nuestro color o de nuestra lengua, que sólo hay una raza, la humana y un sólo país, la Tierra; a los que dirigen todo este mundo se les terminaría el chollo, porque ellos prefieren que tengamos miedo al diferente para así dominarnos y seguir ganando fortunas con la muerte y el hambre.

Os dejo una versión maravillosa de Imagine por el reparto de la serie Glee. Un coro de chicos sordos interpreta magistralmente la canción.

Imagine (Lennon)

Imagine there’s no Heaven
It’s easy if you try
And no Hell below us
Above us only sky

Imagine all the people
Living for today
Imagine there’s no country
It isn’t hard to do

Nothing to kill or die for
And no religion too
Imagine all the people
Living life in peace

You may say I’m a dreamer
But I’m not the only one
I hope someday you will join us
And the world will be as one

Imagine no posessions
I wonder if you can
No need for greed or hunger
Or Brotherhood of Man

Imagine all the people
Sharing all the world
You may say that I’m a dreamer
But I’m not the only one

I hope someday you will join us
And the world will be as one

Querido John, muchos seguimos soñando que es posible un mundo que compartamos todos en paz, aunque cada vez se vuelva más difícil seguir haciendolo…