Las aventuras de Dana. El regreso.

¡¡Guau, guau!!! (Hola a todos)

Sí, ya se que hace algún tiempo que no aparezco por aquí. No, no les he olvidado, pero me temo que he tenido más problemas de los previstos para volverle a hackear el notebook a Elsa. 
He necesitado Dios y ayuda para volver a tener acceso a la red. Por suerte me ayudo Neo, un pastor alemán amigo mío que me debía un par de favores… ¡¡¡hasta he tenido que hacerle creer que somos novios para que me ayudara!!!  Él tiene muy buena pata para la informática, su dueño es programador y de los buenos, así que él se da un poco de aires de grandeza, pero es un perro legal. Y no, no somos novios, pero como a todos los machos de todas las especies, le gusta creerse que es quien domina la situación. Soy demasiado joven para algo serio con nadie… Prefiero divertirme un poco. Y la verdad es que pretendientes no me faltan.


Pero ya hablaremos de eso. Mejor os cuento lo que nos ha pasado en este tiempo. Os diré que la familia a crecido un poquito. ¿Os acordáis de Lucrecia, la gatita atrigrada que conocí en vacaciones? ¡¡Pues ha venido a vivir con nosotros!! La anciana que la cuidaba falleció hace unos meses y la gatita no se quería ir con nadie, se quedaba en el cementerio, encima de la tumba de la que había sido más que su dueña, sin comer ni nada. La hija nos llamó muy preocupada. Pensó que quizas, como nos habíamos hecho amigas, con nosotros querría venir. Y así ha sido. Le ha costado un poco adaptarse a la vida en la gran ciudad, acostumbrada a su libertad, pero ahora ya es una “urbanita” más. Todavía la sigue echando mucho de menos, pero por lo menos ha seguido adelante con su vida (para que luego se dude de la lealtad de los gatos). ¡Yo me siento feliz de tenerla en casa, es como tener una hermana!


Pero Sam y Elsa no están tan “encantados”. ¡¡Las travesuras se han multiplicado por dos!!! Vaya par nos hemos ido a juntar. Y es muy divertido ver como se ponen serios para regañarnos, pero por lo bajo se les escapa la risa… En el fondo no somos malas, sólo traviesas y juguetonas… Además, si a mí me salían de fábulas las caritas lastimeras no os podéis imaginar lo bien que le salen a Lucrecia!!! Las del gato con botas de Shrek no son nada comparadas con las suyas… 


Pero no os he contado lo mejor. Creo que la razón de que Lucrecia se esté adaptando tan bien se llama Calcetines y es un precioso gato siamés. Cal, como ya le llamamos entre nosotras, es el gato de Juan y Sara, un matrimonio amigo de Elsa. Al poco de que llegara a casa, nos invitaron un fin de semana a su casita de la playa. Pensaron que si se relacionaba con más gatos no le sería tan duro el cambio de aires. Se hicieron amigos en seguida. Cal es un seductor nato. Tenía loquitas a todas las gatas del lugar, pero me temo que le resultaba aburrido. Todos los machos son iguales, lo que les gusta es la emoción de la caza… en cuanto caemos rendidas a sus patas se aburren, te dejan y ¡¡a buscar una nueva presa!!!. Pero no se había topado nunca con alguien como Lucrecia, y creo que ahora el cazador ha sido cazado… Aunque tengo que reconocer que hacen buena pareja… 


Otro día os contaré más historias, veo que Sam se acerca con la correa… ¡¡¡es mi hora del paseo y Neo me espera!!!


¡¡Guau guau!! (Sayonara babies)



Las aventuras de Dana II: ¡¡¡Vacaciones!!!

Hola a todos de nuevo.
Estoy muy emocionada, ¡¡¡estamos de vacaciones!!! Y son mis primeras vacaciones “en familia”. La verdad es que ya nos hacían falta. Sam lleva unas semanas muy estresado. Es el jefe de contabilidad de una importante empresa de logísitica, y como va a estar todo el mes de vacaciones quería dejarse todo listo y preparado antes de irse. Por eso las últimas semanas llegaba tarde a casa, y tan cansado y desmejorado que apenas comía algo y se quedaba frito en el sillón. Elsa y yo nos los mirábamos con cara de preocupación, ella me hacía un guiño y yo le despertaba con un lengüetazo cariñoso. Así Elsa podía enviarlo a la cama antes de que la mala postura le causara males mayores. Luego nos mirábamos cómplices… tenemos que cuidar a nuestro “chico”.
Pero por fin llegó el viernes, su último día en la oficina. La noche anterior lo preparamos todo para que ese mediodía, en cuanto Elsa volviera de su trabajo (ella es directora de recursos humanos en una pequeña editorial y en verano hace jornada intensiva), pudiera cargar las maletas en el coche, recoger a Sam en su oficina y salir en dirección a nuestro destino. Ayudar a Elsa a preparar las maletas fue muy divertido hasta que me tocó a mí elegir cuales de entre mis muy numerosos juguetes me llevaría. Tras una negociación durísima en la que de nada me sirvieron mis caritas más lastimeras, decidí que me llevaría mi pelota nueva, un par de muñecos de goma y sobretodo a “Pequeña A-tuin”, mi tortuga de peluche. Mi favorita, el primer regalo que me hicieron las dos personas que más quiero. No pensaba ir a ningún sitio sin ella.

El viaje no fue muy largo (unas dos horas), pero como todo lo que veía era nuevo para mí, todavía se me hizo mucho más corto. No podía dejar de mirar por la ventanilla, no quería perderme nada. Y fue muy divertido, nada más subirse en el coche, Elsa puso el reproductor de música con Anastasia sonando a toda potencia y ella y Sam cantaban a duo todas las canciones. Yo intentaba acompañarlos… pero no me las sabía, así que intentaba seguir el ritmo. Supongo que los demás conductores debían pensar que estábamos un poco locos. Pero era maravilloso volver a escuchar a Sam reir, tras las duras jornadas pasadas.

Y ahora aquí estoy, en un pequeño pueblo del pirineo. Rodeado de bosques y lagos. Y montañas tan altas que asustan sólo con mirarlas. Estamos en una casita de piedra y madera llamada masía, y es tan antigua como el tiempo. Si las piedras hablaran me contarían un montón de historias emocionantes. Historias de monjes y guerreros, de hadas y princesas, de duendes y trasgos. Pero como las piedras no hablan me he tenido que buscar algún nativo que me las quisiera contar, así que el primer día decidí salir de exploración, para conocer el lugar y a sus habitantes. Así conocí a Cobi, un gos d’atura blanco. Trabaja con el pastor del pueblo, y se da unos aires de importancia sólo porque con un ladrido pone firmes a las ovejas… ¡¡¡Cómo si eso fuera tan difícil!!!. Yo vi en la tele que eso podían hacerlo hasta los cerdos. Además me miraba por encima del hombro por ser un perro de ciudad, que según dice son unos snobs. Pero cuando vio que me revolcaba en el primer charco que encontramos, cambió de idea sobre mí. Y ahora somos amigos. Cada tarde, cuando baja de la montaña y encierra a las ovejas, viene a verme y charlamos. Me cuenta historias fantásticas y alguna de miedo. Y me explica que toda su familia se ha dedicado de siempre al pastoreo, su madre hasta ganó un importante torneo comarcal. Me ha invitado a subir un día a la montaña con él… pero no se si aceptaré. Todas las mañanas voy de excursión con Sam y Elsa. Ayer visitamos un lago enorme y precioso. Y disfrutamos de un divertido baño. ¡¡¡¡¡Aunque el agua estaba helada!!!. Me lo pasé genial salpicándoles de agua.

Y he conocido a muchos animales. A Flavio, un cerdito muy gruñón… ¡¡¡ni siquiera me permite revolcarme en “su” barro!!!! ¡¡¡menudo egoísta!!! Vale, sí, ya se que no debería hacer eso, pero es que me encanta. Y sí, Elsa siempre me regaña por hacerlo… pero ¡¡¡es tan divertido cuando nos bañamos los tres juntos!!!Terminamos los tres empapados, llenos de espuma pero riendo absolutamente felices.
También hay un gallo muy madrugador, que despierta a todo el pueblo. Y al que Sam odia y desea ver en una cazuela. No, no penséis que es por maldad. Sam es incapaz de hacer daño a una mosca. Pero el pobre madruga mucho durante el año, así que en vacaciones le gusta dormir hasta tarde, y el “maldito gallo” no le deja dormir a gusto.
Y no quisiera olvidarme de Lucrecia, una gatita atigrada medio asilvestrada que vive en la casa de al lado. Suele vagabundear por todo el pueblo y sólo acude a casa a la hora de comer y para dormir. Dice que no hay nada como sentirse libre y ser la dueña de su propio destino. Que no soporta que nadie le diga lo que tiene de hacer. Su “dueña”(es un decir) es una ancianita muy dulce, amable y divertida. Vive sola en su casa, pese a que ha cumplido ya los 90 años. Pero no quiere irse a la ciudad con su hija. Dice que eso la mataría en dos días. Creo que ya se de donde ha sacado Lucrecia esas ideas. Lucrecia se ha convertido en mi mejor amiga aquí. Y eso de que los perros y los gatos se llevan mal no es cierto. Juntas lo pasamos muy bien.

Y me temo que esto es todo por hoy. Elsa viene hacia aquí con cara de querer recuperar su notebook y preguntándose “¿qué demonios hace una perrita bien educada enganchada a la red?”

¡¡¡Guau guau, guau!!! (hasta pronto, amigos)

Las aventuras de Dana I: Nueva vida, nuevos amigos.

¡¡Guau, guau!!! o ¡¡Hola a todos!! para los que no dominéis el idioma canino.
Jengibre me ha dado un rinconcito aquí en su blog para que os cuente mis aventuras. La verdad, no se como me saldrá esto. Lo mío es la acción y la aventura, no la literatura. Pero Jengibre es muy convincente (por no decir un poco pesada) y como parece tener fe en mis capacidades, pues eso… aquí estoy aporreando este teclado con mis patitas.
Supongo que lo correcto sería empezar hablando de mí. Me llamo Dana y tengo dos añitos. No tengo pedigrí, de hecho ni siquiera recuerdo a mis padres… Mi vida ha sido un poco difícil hasta que conocí a Sam y a Elsa. Así que creo que lo mejor es que empiece hablando de ellos. Ellos son mi nueva familia. No, mucho más que eso, son mis amigos, y los mejores que se puede encontrar.
Sam es muy alto y guapo (o por lo menos eso opina Elsa, y yo no puedo estar más de acuerdo con ella). Tiene los ojos verdes y la mirada muy dulce. Siempre está de buen humor y no se enfada nunca (y creedme, he puesto a prueba su paciencia infinidad de veces y no lo he visto enfadado ni me ha dado un solo grito). Sus manos son cálidas, y cuando te acaricia trasmiten toda su ternura. Elsa piensa que es como uno de esos caballeros andantes de antaño, esos que dedicaban su vida a rescatar doncellas en apuros y a luchar por la justicia. Ella dice que es su héroe. Y como antes, también estoy de acuerdo con ella. Sam es mi héroe también.
Elsa es toda corazón y ternura. Para Sam es la mujer perfecta: guapa, inteligente, cariñosa y divertida. Cuenta que se enamoró de ella la primera vez que la vio, cuando sólo eran unos niños. Se conocieron en la playa del pueblo de costa donde pasaba las vacaciones. Era su último día allí, así que pensó que nunca más volvería a verla. Pero el destino le tenía reservada una pequeña sorpresa. Ese año empezaba el bachillerato y tenía que cambiar de colegio. Se sentía triste, no hacía amigos con facilidad y se sentía solo. Pero ¡¡¡allí estaba Elsa!!!. Radiante, rodeada de amigas, riendo con esa risa suya, tan limpia y contagiosa. Y desde aquel día no se han vuelto a separar.
Viven en un piso pequeño pero muy agradable y acogedor. Tiene un precioso patio lleno de plantas. Allí hacemos mucha vida, sobretodo ahora en verano. Lo primero que Sam hace cuando llega del trabajo es regar la terraza. ¡¡¡Se está tan fresquito en ella!!! Y a la caída del sol, nos vamos a dar un paseo. Solemos ir a un parque muy grande que hay cerca de casa. Allí he vivido algunas de mis mas divertidas travesuras. Pero no adelanto acontecimientos. Ya os las contaré a su debido tiempo.

Y también está Vi, mi madrina. Se llama Violeta, pero todo el mundo la llama Vi. Es la mejor amiga de la pareja. Sam y ella crecieron juntos, y más que amigos son como hermanos. Vi es divertida y muy vital. Y generosa y muy bondadosa. Según Sam es medio hippie, siempre soñando un mundo mejor y luchando contra la injusticia. Siempre que viene de visita (algo muy habitual, de hecho casi es la cuarta habitante de esta casa) me trae regalitos. Sam la regaña porque cree que me está malcriando, pero se que lo hace solo por guardar las apariencias… le encanta vernos felices y contentas.

Y otro día os contaré mis aventuras en el parque y los amigos “caninos” que estoy haciendo. Pero será en otra ocasión, veo acercarse a Sam con la correa, señal que es la hora del paseo.

¡¡Guau, guau!!! (¡¡Hasta pronto!!)

Dana

Dana se sentía feliz. Por primera vez en su vida podía sentirse así. Su nueva familia era encantadora. Llevaba un mes con ellos y su vida había dado un cambio increíble. Y para mejor, algo a lo que no estaba acostumbrada. Gracias a ellos había descubierto lo que eran las caricias y los mimos. Y sentirse querida. Una sensación maravillosa. Algo que no había sentido desde que era un cachorrillo. Su vida no había sido nada fácil. Aunque al principio, cuando era una pequeña bolita de pelo blanco, había creído que todo sería cariño y felicidad, en seguida descubrió que en lugar de mimos y caricias sólo recibiría gritos, castigos y malos tratos. Hasta que un día la abandonaron en una carretera. Casi fue un milagro que no muriera atropellada en aquel lugar. Pero consiguió alejarse de aquella trampa mortal y se adentró por los campos.
Hambrienta, cansada y herida, llegó a un pueblecito. Allí tuvo suerte y unos niños que jugaban en la calle la vieron y apenados por su triste aspecto, la llevaron a su casa. Allí la alimentaron e incluso curaron sus heridas. Pero no podía quedarse allí. El asma de uno de los niños lo impedía. Pero por suerte para Dana, en las afueras del pueblo unas chicas habían creado un refugio para animales abandonados. Allí la llevaron con la esperanza de que ellas pudieran encontrarle un nuevo hogar. Los niños lloraron al despedirse de la perrita. Y Dana también lloró, habían sido muy buenos con ella.
En el refugio conoció a otros animales en su situación. Algunos muy malheridos, viejos o enfermos. Las cuidadoras luchaban, con muchas dificultades y muy poca ayuda, por cuidarlos y buscarles un buen hogar. Y así fue como conoció a su nueva familia, una pareja joven . Lo suyo fue “amor” a primera vista. Quizás por la bondad que trasmitían. O por las miradas de complicidad y cariño entre ellos. O por la ternura de esas primeras caricias que le dedicaron. Pero lo cierto es que en ese momento supo que quería ir con ellos. Y ellos ya no pudieron dejarla allí. Le hicieron un hueco en su casa, en su corazón y en su vida.
Ahora, un mes después, se había convertido en la “reina” de la casa. Empezaba a ser una perrita feliz, mimosa y traviesa. Pero lo mejor de todo fue descubrir que las manos también servían para dar cariño y no para lastimar, como hasta ahora había conocido.