Publicado en especiales, nostalgia, vivencias

Un aniversario especial.

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Hoy es un día muy especial para mi. Hoy celebro un “cumpleaños” muy especial. Tal día como hoy, pero hace ya 40 años llegaba a la ciudad de Barcelona. Era 1976, una época convulsa y muy importante en la historia de este país y yo, a mis 8 años, me veía obligada a dejar atrás toda mi vida y empezar de nuevo en otro lugar, lejos de todos mis amigos y la gran parte de mi familia.
Mentiría si dijera que el traslado no fue un poco traumático. Los primeros días, cada noche cuando me iba a dormir quería que al despertarme volviera a estar en la ciudad donde había nacido y vivido hasta ese fatídico 8 de marzo.  Echaba de menos a todos mis amigos, a mis abuelos a los que iba a visitar cada fin de semana y que con el traslado sólo podría ver dos o tres veces al año. Creía que no volvería a hacer amigos.
Pero los días iban pasando, los nuevos vecinos nos acogieron con los brazos abiertos y creo que a la semana ya había hecho una amiga del alma y un montón de nuevos compañeros de juegos y travesuras.
Y el MAR… el mar fue la gran revelación, el motivo que hizo más fácil mi adaptación a la nueva y enorme ciudad. Ahora no concibo vivir alejada de este mediterráneo que me “adoptó” y me acogió entre sus aguas, esas aguas donde, como cantaba Serrat, sigue jugando mi niñez. Ese mar frente al que he llorado penas de amor, el que ha vivido conmigo el miedo, la esperanza y la felicidad más absoluta. El que me ha dado fuerzas para no desfallecer cuando se hacía difícil luchar contra ese sarcoma y sus puñeteros efectos secundarios. Ese en el que tengo el mono de sumergirme en cuanto el estado de mi pierna operada me permita hacerlo.
El mar lo cambia  todo. No puedo explicar porqué. Y en un día como hoy sólo siento no poder estar a su orilla para celebrar nuestro aniversario tan especial. Pero sé que muy pronto volveremos a estar juntos.

¡¡¡FELIZ ANIVERSARIO, MI QUERIDA BARCELONA!!!!

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Publicado en carta abierta, especiales, nostalgia

Cada día que paso sin ti… In memoriam…

Querido y añorado tío.
Hace ya 27 años que decidiste marcharte para siempre. Sí, no me mires con esa cara… los dos sabemos que ya te habías rendido, que habías dejado de luchar, semanas antes de ese 14 de noviembre fatídico.
Nunca voy a entender porque te rendiste tan pronto, porqué, cuando todos los demás estábamos ahí, luchando hasta el final, tú decidiste que estabas cansado de vivir. Lo tenías todo a favor, tenías el mejor equipo médico atendiéndote, tenías un donante compatible (con lo difícil que es de encontrar) y una médula que estaba funcionando. Pero falto lo principal, tus ganas de vivir, de superarlo, de seguir luchando.
¿Sabes lo que más me duele de tu muerte? No es el que nos dejaras tan pronto, es la imagen con la que me quedé de ti y que siempre estará presente cuando piense en ti. No te imaginas lo que duele recordarte derrotado y sin ánimo ni ganas de vivir. Porque eso me ha robado todos los recuerdos buenos y alegres que tengo de ti. Porque tú no eras ese ser hundido y derrotado. Tú eras la alegría personificada. Y eras mi tío favorito. Ese que siempre me hacía reír, que me regalaba lo que más deseaba. ¡Que convenció a mis padres para que me compraran el radiocassette más grande y mejor que había en la tienda porque la música era lo que más me gustaba en este mundo! Eso es lo que yo quería recordar siempre aunque ya no estuvieras a mi lado. Por eso nunca he podido perdonarte.
Sé que me dirías que no era una lucha fácil. Lo sé, sé lo que es luchar contra un cáncer. Sé que no es fácil, que hay momentos en que tirarías la toalla y descansarías para siempre. Pero ves a los que están a tu lado, a los que te quieren y que están sufriendo tanto o más que tú, ves como luchan por ti. Déjame decirte que fuiste muy egoísta. ¿No se te ocurrió pensar en como nos íbamos a quedar nosotros? No, tú ya no estabas para ver el dolor reflejado en los ojos de tus padres… Tú no estabas aquella tarde, cuando sonó el teléfono… nos habías dejado ya. Me tocó quedarme yo con ellos. Sólo tenía 21 años, era la primera vez que me enfrentaba a algo así y mientras viva nunca olvidaré aquel momento. Aún hoy, aunque ha pasado casi media vida de aquello, puedo escuchar los llantos de la abuela, y nunca olvidaré el dolor tan profundo que vi en los ojos del abuelo. Aquel día él empezó a morir. y eso tampoco te lo he perdonado. En poco tiempo el también se nos fue. En 5 años perdí a las dos personas que más quería.
Desde aquel día nada fue igual. Tampoco viste como quedó tu hermana (mi madre), tu donante. Creí que ella también se nos iba. Se convirtió en un espectro. La gente pasaba a su lado y ni la conocía. Pero me juré que no dejaría que hiciera como tú, me costara lo que me costase.
Ahora, que ha pasado el tiempo, que he vivido y he madurado, que he sufrido, me he dado cuenta que todo eso que me hiciste vivir aquel mes de Noviembre no ha sido en vano. Aquel día me enseñaste a luchar, a no tirar la toalla, a no renunciar nunca. También aprendí que por muy dura y difícil que fuera lo que tuviera que afrontar nunca dejaría que los que me quieren me vieran hundida o desanimada. Que la vida y la muerte son las dos caras de la misma moneda, que llegado el momento sólo querría dejar a mi alrededor recuerdos buenos, alegres y positivos. Que cuando me recordaran lo hicieran con una gran sonrisa.
Y aquí estoy hoy, escribiendo esta carta para reconciliarme con tu recuerdo. Porque estoy cansada de estar triste, de odiar el mes de noviembre. Porque quiero dejar atrás el dolor de tu marcha y sólo quedarme con el recuerdo de todos esos momentos maravillosos que viví contigo.