¡¡De vuelta a casa!!

Semana de hospital.

 Parece mentira, pero ya hace casi mes y medio que despedía de todos vosotros por un tiempo que esperaba y confiaba no fuera demasiado largo. Motivos de salud me obligaban a ello. Llevaba casi dos años en lista de espera para una operación más que necesaria. Dicen que todo llega al que sabe esperar, es cierto…

El 25 de enero entraba en quirófano, en el hospital de trauma de la Vall d’Hebrón. A las 8:30, entraba como las divas o la realeza pues ya estaban todos dentro esperándome. El quirófano era enorme y muy moderno, de paredes azules y unas regletas de luces de colores en el techo. La verdad… por unos minutos lamenté que me fueran a dormir y no poder seguir admirando todos los gadgets y demás accesorios del quirófano. Pero sólo por un instante… en cuanto conocí al que sería mi anestesista, un doctor moreno,  alto y delgado como un lápiz, simpático, mucho, incluso a esa hora temprana de la mañana de un lunes. Vamos que en cuanto le conocí sólo tuve ganas de ponerme en sus expertas manos y dejar que me llevara al reino de los sueños.

Diez horas más tarde me despertaba en la unidad de reanimación. Despertar es una manera muy optimista de decirlo… muy despierta no estaba. Recuerdo que cuando volví en mí lo primero que se me ocurrió preguntar fue “¿ya no tengo barriga?”, nada de como había ido la operación o algo por el estilo… Así soy yo… Y no recuerdo mucho más de ese momento. Mis familiares me decían cosas que yo con la cantidad de calmantes que llevaba encima ni siquiera recuerdo. La verdad… benditos calmantes… gracias a ellos la noche en reanimación fue llevadera y conseguía dormir a pesar del manguito del tensiómetro apretando mi brazo cada 5 minutos, los gritos de pacientes desorientados o los miles de pitidos de los miles de aparatos que controlaban las constantes vitales, sueros y calmantes de 13 pacientes recién operados.

Contado así parecería que ese lugar hubiera sido la antesala del mismo infierno, pero tampoco fue tan horrible, también hubo un momento de buen humor, justo de madrugada cuando la mayoría de pacientes dormía plácidamente (hasta el pobre anciano que se había pasado la noche desorientado, chillando y arrancándose vías y sondas). En ese momento dos pacientes estábamos despiertos y con las enfermeras más relajadas tras la dura noche pasada, hicimos unas risas, todos empezamos a decir lo que nos apetecía para desayunar. Contando que la mayoría llevábamos casi 24 horas en ayunas la cosa tenia su gracia. Lástima que apareciera un médico aguafiestas y nos cortara el rollo…

Parezco una abuelita contando batallitas… esta entrada sólo era para decir ¡¡¡¡hola, he vuelto!!!!! Pero ahora que lo pienso, no sería mala idea relatar mis aventuras en el hospital. Total mientras dura la convalecencia no tengo demasiadas cosas que hacer…

Como terminaría mi escritor favorito: “esa es otra historia y merece ser contada en otra ocasión”

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Que difícil es decir adiós…

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Que difícil es decir adiós… Adiós, una palabra tan corta, tan definitiva… y tan inevitable… como la muerte.  Hoy me he despertado con la noticia de que David Bowie había fallecido ayer y me he quedado helada. No me lo podía creer, hacía sólo unos días que había cumplido 69 años, además acababa de salir un nuevo álbum… pero sí, era verdad que Bowie ya no estaba entre nosotros. La muerte tiene esas cosas… que nunca sabes cuando llegará.

He leído que llevaba 18 meses luchando contra un cáncer… Cáncer… una palabra tan corta y a la vez tan cargada de dolor y sufrimiento. Como adiós, cinco letras que uno nunca quiere escuchar… ni tener que decir…

Bowie, el hombre de las mil caras, el rey de las reinvenciones, el duque blanco, Ziggy Stardust, Starman… nos deja un poco huérfanos a todos los que amamos la música. Nos queda el consuelo de sus canciones inolvidables, como “Space oddity”, Life on Mars?, Aladdin sane o Heroes.

Descansa en paz, David Bowie!

El club del cangrejo.

Rinconcito poético.

He leído un artículo en El Periódico en el que Pau Donés (Jarabe de Palo) y su oncóloga hablan sobre el tipo de cáncer que sufre. Un artículo que me ha gustado muchísimo y que da una lección magistral de vida, de cómo afrontar una enfermedad que a día de hoy sigue siendo tabú, una enfermedad que todavía hoy mucho enfermos se niegan a reconocer e incluso evitan llamarla por su nombre. Como si al no nombrarla no fuera real. En esta entrevista, Pau cuenta cómo LaMari de Chambao le dio la bienvenida al “club del cangrejo” (ella sufrió un cáncer de mama). Me he encantado esa manera de aceptar la enfermedad y a la vez relativizarla, hacerla menos temible. Hablar del cangrejo o cangrejito (cómo también le he oído a Pau nombrarlo me ha parecido la manera más sensata de no dejarse llevar por el miedo a una palabra: Cáncer (cáncer es cangrejo en latín). ¿Porqué me parece sensato eso? Pues muy sencillo, no puedes superar nada si no lo afrontas y lo aceptas antes. Si no quieres reconocer que tienes un tumor maligno, si te niegas a nombrarlo siquiera te estás negando a reconocer siquiera que estás enferma ergo tu mente y tu cuerpo estarán realmente en conflicto. No hay que temer a un nombre, un miedo que se convertirá en pánico y que te bloqueará para enfrentarte a él. Bastante dura y difícil es la enfermedad para perder el tiempo en bloqueos y pánicos  que te restan energías.

Como miembro del Club del cangrejo, tengo que reconocer que nunca he tenido ningún reparo en nombrar a mi tumor por su nombre y apellidos (sí el mío tiene nombre y apellidos) sarcoma sinovial de partes blandas, ¿a que suena bonito? Nunca he tenido ningún problema en decir que tenía cáncer, es más me cabreaba sobremanera el que la gente, al decirlo, me mirara como con pena, como si ya me hubiera muerto…¡¡¡me ponía de los nervios!!! Me daban ganas de gritarles: ¡¡¡mírame, estoy tan viva como tú!!! Recuerdo que lo primero que le dije a mi médico, El Dr. Manuel Pérez del Hospital traumatológico de la Vall d’Hebrón, cuando me confirmó que se trataba de un tumor maligno muy agresivo fue, “vale, y ahora cómo lo matamos”. Una variación del: “Qué es y como lo mato” que dice Hugh Jackman en la película Van Helsing, película que había visto poco tiempo antes y que me gustó mucho.  Recuerdo que el Dr. Pérez se quedó asombrado con mi respuesta, creo que no se la esperaba. Le gustó mi actitud y me informó de todos los procesos a seguir. Con sinceridad pero sin dramas ni alarmismos. Se lo agradeceré siempre. De hecho siempre digo que es el “hombre de mi vida” pues gracias a él sigo teniendo eso, vida. La primera vez que lo dije mi padre se puso un poco celoso  pero estuvo de acuerdo conmigo cuando le expliqué el porqué.

Recuerdo que yo en ningún momento le pregunté por el tiempo de vida aproximado que me quedaba, ¿para qué? Pero recuerdo que mi padre si lo hizo, y¡¡¡ me encantó su respuesta!!! Dijo que él era médico y no adivino, y tema solucionado… me dieron ganas de aplaudirle y todo. Porque ¿qué pregunta es esa? ¿Acaso alguien tiene una especie de seguro de vida que le garantice vivir 100 años? ¿Alguno piensa en que cada noche puede ser la última de su vida? Pues así es. Nadie tiene nada asegurado. Nadie tiene una vida asegurada, nadie tiene asegurado que no sufrirá enfermedades o accidentes. Sólo tenemos una cosa segura, que todos moriremos. Que nuestro tiempo es limitado y que de cuánto tiempo disponemos es terra incognita. Pero no veo que a nadie le preocupe ese tema, por como la mayoría vive su vida. Se pospone siempre lo importante, como la felicidad, el amor, pasar tiempo con los hijos por las cosas que en realidad no lo son pero que lo hemos hecho importantes nosotros, como matarnos a trabajar echando más horas que un reloj sólo por tener cosas materiales como un coche mejor, una casa de vacaciones o viajes a lugares exóticos porque creemos que el estatus nos dará la felicidad, cuando sólo nos roba un tiempo precioso que no recuperaremos nunca. Y claro, luego enfermas o tienes un accidente o te da un infarto o un ictus y te das cuenta de que en realidad no has vivido la vida que querías, que no echas de menos el no haber viajado a Bali pero darías todo el oro del mundo por no haberte perdido ver crecer a tus hijos, o todos los te quiero que no has dicho porque  siempre estabas ocupado. Y es entonces cuando quieres, necesitas saber cuánto tiempo te queda para enmendar y recuperar el tiempo perdido. Pero eso no es posible, nunca se recupera el tiempo que ha pasado, sólo puedes aprovechar el tiempo a partir de ahora. Poner en orden tus prioridades y vivir tu vida como tú quieras porque es la única manera de vivir y porque cuando llegue el momento nadie morirá por ti.

Pues eso, vivamos cada segundo que tenemos, porque la vida no se trata de cuan larga sea sino de cuan vivida sea. Porque cada día puede ser el último de nuestra vida es por lo que tenemos que vivirlo como si en realidad lo fuera.

Eso fue lo que aprendí hace ya casi 13 años, a las malas, por su puesto… por eso quiero trasmitíroslo a todos vosotros.  ¿Por qué ahora? Pues porque estoy a poco más de un mes de volver a tener que pasar por quirófano, esta vez para una reconstrucción de la zona operada e irradiada hace 12 años. Porque voy a pasar estas fiestas navideñas como si fueran las últimas, no porque crea que van a ser las últimas sino porque sé que las voy a vivir a tope, disfrutando cada segundo de las fiestas que más me gustan… porque creo que esa es la única manera de vivir la vida…

Tengo un sueño. (Carta a mi misma)

Tengo un sueño, quizás el más antiguo de entre los muchos que sueño. He sido una niña soñadora que ahora es una adulta que no ha perdido la capacidad de hacerlo. Muchos de esos sueños se han ido quedando por el camino, otros los he ido cumpliendo. Pero este sueño primigenio sigue ahí, latente, no sé bien porqué. Bueno, en realidad sí que intuyo porqué nunca lo he cumplido ni lo he abandonado. Se trata de un sueño que es demasiado importante para mí. Por eso yo misma lo he ido bloqueando.
Mi más secreto deseo desde siempre es ser escritora. Recuerdo que en el colegio cada vez que como tarea nos pedían una redacción era simplemente feliz, más si el tema era libre. Cogía mi libreta, el bolígrafo y me dejaba llevar, llenando páginas de palabras que se convertían en aventuras maravillosas que vivía al tiempo que las escribía. Si en clase tenía que leerlas en voz alta, no había problema, olvidaba mi timidez innata en cuanto me volvía a sumergir en la historia que yo misma había creado.
Pero crecí y aunque seguía fascinándome el poder de crear historias, me podía el miedo a que los demás pudieran leerlas y, lo que es peor, juzgarlas con dureza. Por eso yo misma bloqueé ese sueño.
Seguí con mi vida, o por lo menos con la vida que se suponía que debía seguir. El sueño seguía ahí, negándose a abandonarme, esperando paciente a tener su oportunidad de cumplirse.
Dicen que todo pasa por un motivo, que nada hay casual. Debe ser cierto porque la vida me puso en una encrucijada, debía elegir seguir como hasta entonces o dar un golpe de timón y vivir “mi” tiempo y “mi” vida a mi manera. Así que tomé las riendas de mi vida, momento que aprovechó ese sueño que se había quedado atascado en mi subconsciente, reclamando la oportunidad que le había sido negada. Justo en ese momento conocí a una persona muy especial, que me hizo ver que no pasaba nada porque la gente leyera mis escritos, que para eso se creaban. Él, su confianza en mí cuando yo no lo hacía, fue lo que devolvió a mi vida el placer de tejer palabras para volver a crear historias.
Las primeras salían tímidas, un poco asustadas de presentarse al mundo, pero con cada nueva historia éstas se volvían más audaces. Cuanto más escribía, con más facilidad se generaban nuevas historias. Historias que me hacían feliz, sentirme plena y que se llevaban un pedazo de mi, mayor de lo que imaginaba.
Pero no me di cuenta de cuan frágil era aquella nueva determinación. Cuando llegaron los momentos difíciles opté por convencerme de que no era lo suficiente buena y abandoné a su suerte un montón de historias. Volví a encerrar ese sueño, creyendo que esta vez sería para siempre… Dejé de escribir ficción, perdí el hábito de escribir y terminé abandonado el blog.
De nuevo la vida decidió echarme un cable en la forma de una niña muy querida. Me pidió que le escribiera un cuento. Esas fueron las palabras mágicas que liberaron todas esas historias cautivas. Escribí un cuento, el primero en años. Sentí como volvía la magia a mis dedos. Pero me faltaba algo.
El último empujón me lo dieron en un taller de coaching sobre creatividad. Era a nivel general, pues la creatividad está presente en todos los aspectos de nuestra vida; cada uno de los asistentes lo adaptaba a su necesidad. Allí descubrí que mi problema, además de falta de autoconfianza, era falta de materialización de las ideas que pueblan mi cabeza. También descubrí que en realidad mi sueño se ha cumplido. Se cumplió cuando creé el blog y empecé a escribir mis relatos para todos los que quisieran leerlos. Por eso debería decir: Yo tenía un sueño…
… que se convirtió en una realidad.

Mayonesa y café.

Hoy he recibido un mail muy curioso en mi correo electrónico. Lo he abierto y me ha sorprendido y me ha hecho reflexionar. Aquí os lo dejo…

MAYONESA Y CAFÉ
Cuando te sientas agobiado, cuando 24 horas al día no sean suficientes… Recuerda el frasco de mayonesa y el café!

Un profesor en su clase de Filosofía, sin decir palabra, cogió un frasco grande y vacío de mayonesa y lo llenó con pelotas de golf.

Luego preguntó a sus estudiantes si el frasco estaba lleno y ellos estuvieron de acuerdo en decir que si.

De nuevo, sin decir nada, el profesor cogió una caja llena de canicas y la vació dentro del frasco de mayonesa.

Las canicas llenaron los espacios vacíos entre las pelotas de golf.

El profesor volvió a preguntar a los estudiantes si el frasco estaba lleno y ellos volvieron a decir que si.

Luego…el profesor cogió una caja con arena y la vació dentro del frasco.

Por supuesto, la arena llenó todos los espacios vacíos, y el profesor preguntó nuevamente si el frasco estaba lleno.

En esta ocasión los estudiantes respondieron con un ‘si’ unánime.

El profesor enseguida agregó 2 tazas de café al contenido del frasco y efectivamente llenó todos los espacios vacíos entre la arena. Los estudiantes reían en esta ocasión. Cuando la risa se apagaba, el profesor dijo:

‘QUIERO QUE SE DEN CUENTA QUE ESTE FRASCO REPRESENTA LA VIDA’.

Las pelotas de golf son las cosas importantes como la familia, los hijos, la salud, los amigos, …

Son cosas que, aún si todo lo demás lo perdiéramos y solo éstas quedaran, nuestras vidas aún estarían llenas.

Las canicas son las otras cosas que importan, como el trabajo, la casa, el coche, etc.

La arena es todo lo demás… las pequeñas cosas.

‘Si ponemos primero la arena en el frasco, no habría espacio para las canicas ni para las pelotas de golf.

Lo mismo ocurre con la vida’.

Si gastamos todo nuestro tiempo y energía en las cosas pequeñas, nunca tendremos lugar para las cosas realmente importantes.

Presta atención a las cosas que son cruciales para tu felicidad.

Juega con tus hijos,

dedica tiempo a revisar tu salud,

ve con tu pareja a cenar,

practica tu deporte o afición favoritos,

siempre quedará tiempo para limpiar la casa y reparar la llave del agua.

Ocúpate de las pelotas de golf primero, de las cosas que realmente importan.

Establece tus prioridades, el resto es solo arena…

Uno de los estudiantes levantó la mano y preguntó qué representaba el café..

El profesor sonrió y dijo:

‘Que bueno que me hagas esta pregunta… Sólo es para demostraros, que no importa cuan ocupada tu vida pueda parecer, siempre hay lugar para un par de tazas de café con un amigo.’