Amor en verso III

Dame tu libertad… (Pedro Salinas)

Dame tu libertad.
No quiero tu fatiga,
no, ni tus hojas secas,
tu sueño, ojos cerrados.
Ven a mí desde ti,
no desde tu cansancio
de ti. Quiero sentirla.
Tu libertad me trae,
igual que un viento universal,
un olor de maderas
remotas de tus muebles,
una bandada de visiones
que tú veías
cuando en el colmo de tu libertad
cerrabas ya los ojos.
¡Qué hermosa tú libre y en pie!
Si tú me das tu libertad me das tus años
blancos, limpios y agudos como dientes,
me das el tiempo en que tú la gozabas.
Quiero sentirla como siente el agua
del puerto, pensativa,
en las quillas inmóviles
el alta mar. La turbulencia sacra.
Sentirla,
vuelo parado,
igual que en sosegado soto
siente la rama
donde el ave se posa,
el ardor de volar, la lucha terca
contra las dimensiones en azul.
Descánsala hoy en mí: la gozaré
con un temblor de hoja en que se paran
gotas del cielo al suelo.
La quiero
para soltarla, solamente.
No tengo cárcel para ti en mi ser.
Tu libertad te guarda para mí.
La soltaré otra vez, y por el cielo,
por el mar, por el tiempo,
veré cómo se marcha hacia su sino.
Si su sino soy yo, te está esperando.

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Amor en verso II

Amor (Pablo Neruda)
Mujer, yo hubiera sido tu hijo, por beberte 
la leche de los senos como de un manantial, 
por mirarte y sentirte a mi lado y tenerte 
en la risa de oro y la voz de cristal. 
Por sentirte en mis venas como Dios en los ríos 
y adorarte en los tristes huesos de polvo y cal, 
porque tu ser pasara sin pena al lado mío 
y saliera en la estrofa -limpio de todo mal-. 

Cómo sabría amarte, mujer, cómo sabría 
amarte, amarte como nadie supo jamás! 
Morir y todavía 
amarte más. 
Y todavía 
amarte más 
y más.

Amor en verso…

        RIMA LIII
   Volverán las oscuras golondrinas
en tu balcón sus nidos a colgar,
y otra vez con el ala a sus cristales
        jugando llamarán.
  Pero aquellas que el  vuelo refrenaban
tu hermosura y mi dicha a contemplar,
aquellas que aprendieron nuestros nombres…
        ¡esas… no volverán!.
  Volverán las tupidas madreselvas
de tu jardín las tapias a escalar,
y otra vez a la tarde aún más hermosas
        sus flores se abrirán.
  Pero aquellas, cuajadas de rocío
cuyas gotas mirábamos temblar
y caer como lágrimas del día…
        ¡esas… no volverán!
  Volverán del amor en tus oídos
las palabras ardientes a sonar;
tu corazón de su profundo sueño
        tal vez despertará.
  Pero mudo y absorto y de rodillas
como se adora a Dios ante su altar,
como yo te he querido…; desengáñate,
        ¡así… no te querrán!
(Gustavo Adolfo Becquer)

El ángel oscuro.

Se sentía frágil y vulnerable. Y perdida. Nunca antes se había sentido así. Ella que se había ganado a pulso sus negras alas. La más fría y despiadada de todas las huestes de la oscuridad.
Su misión era sencilla, otro arcángel más que corromper, un nuevo ángel caído para sus filas… ¡y tantos habían caído!. No entendía porque esta vez había sido diferente.

Sólo era un arcángel más, y ni siquiera de los hermosos de las huestes celestiales… esos habían sido presa fácil para ella. Sólo un joven sencillo, algo tímido y retraído. De rostro dulce y ojos llenos de ternura. Ese fue su error. Nunca debió mirarse en sus ojos. En ellos vio reflejada su alma negra y comprendió que el veía su verdadero aspecto y aún así ponía su vida y su alma en sus manos. Y algo se rompió dentro de ella. Quizás fueran las rejas que aprisionaban su corazón. Pero lo cierto es que sintió un dolor lacerante en el pecho y no pudo condenar a aquel espíritu puro. Se alejó de él tan rápida como le permitieron sus alas, buscando un lugar donde esconderse y pensar. Sabía que estaba condenada, la oscuridad no toleraba los fracasos. Pero eso no le importaba, su ángel estaba a salvo. Encontró un escondite en un antiguo mausoleo semi derruído. Rodeada de ángeles de granito rompió a llorar recordando la ternura que siempre le había brindado, la dulzura con la que siempre la había tratado aún cuando él sabía quien era. Deseó con todas sus fuerzas que él estuviera allí, junto a ella. Que la abrazará y la protegiera. Por primera vez entendió lo que era el Amor y tuvo la seguridad de que le había perdido. Ella no se merecía su amor. Se dejó caer en el frío suelo de mármol, llorando sin consuelo hasta que agotada se quedó dormida.


Las aventuras de Dana. El regreso.

¡¡Guau, guau!!! (Hola a todos)

Sí, ya se que hace algún tiempo que no aparezco por aquí. No, no les he olvidado, pero me temo que he tenido más problemas de los previstos para volverle a hackear el notebook a Elsa. 
He necesitado Dios y ayuda para volver a tener acceso a la red. Por suerte me ayudo Neo, un pastor alemán amigo mío que me debía un par de favores… ¡¡¡hasta he tenido que hacerle creer que somos novios para que me ayudara!!!  Él tiene muy buena pata para la informática, su dueño es programador y de los buenos, así que él se da un poco de aires de grandeza, pero es un perro legal. Y no, no somos novios, pero como a todos los machos de todas las especies, le gusta creerse que es quien domina la situación. Soy demasiado joven para algo serio con nadie… Prefiero divertirme un poco. Y la verdad es que pretendientes no me faltan.


Pero ya hablaremos de eso. Mejor os cuento lo que nos ha pasado en este tiempo. Os diré que la familia a crecido un poquito. ¿Os acordáis de Lucrecia, la gatita atrigrada que conocí en vacaciones? ¡¡Pues ha venido a vivir con nosotros!! La anciana que la cuidaba falleció hace unos meses y la gatita no se quería ir con nadie, se quedaba en el cementerio, encima de la tumba de la que había sido más que su dueña, sin comer ni nada. La hija nos llamó muy preocupada. Pensó que quizas, como nos habíamos hecho amigas, con nosotros querría venir. Y así ha sido. Le ha costado un poco adaptarse a la vida en la gran ciudad, acostumbrada a su libertad, pero ahora ya es una “urbanita” más. Todavía la sigue echando mucho de menos, pero por lo menos ha seguido adelante con su vida (para que luego se dude de la lealtad de los gatos). ¡Yo me siento feliz de tenerla en casa, es como tener una hermana!


Pero Sam y Elsa no están tan “encantados”. ¡¡Las travesuras se han multiplicado por dos!!! Vaya par nos hemos ido a juntar. Y es muy divertido ver como se ponen serios para regañarnos, pero por lo bajo se les escapa la risa… En el fondo no somos malas, sólo traviesas y juguetonas… Además, si a mí me salían de fábulas las caritas lastimeras no os podéis imaginar lo bien que le salen a Lucrecia!!! Las del gato con botas de Shrek no son nada comparadas con las suyas… 


Pero no os he contado lo mejor. Creo que la razón de que Lucrecia se esté adaptando tan bien se llama Calcetines y es un precioso gato siamés. Cal, como ya le llamamos entre nosotras, es el gato de Juan y Sara, un matrimonio amigo de Elsa. Al poco de que llegara a casa, nos invitaron un fin de semana a su casita de la playa. Pensaron que si se relacionaba con más gatos no le sería tan duro el cambio de aires. Se hicieron amigos en seguida. Cal es un seductor nato. Tenía loquitas a todas las gatas del lugar, pero me temo que le resultaba aburrido. Todos los machos son iguales, lo que les gusta es la emoción de la caza… en cuanto caemos rendidas a sus patas se aburren, te dejan y ¡¡a buscar una nueva presa!!!. Pero no se había topado nunca con alguien como Lucrecia, y creo que ahora el cazador ha sido cazado… Aunque tengo que reconocer que hacen buena pareja… 


Otro día os contaré más historias, veo que Sam se acerca con la correa… ¡¡¡es mi hora del paseo y Neo me espera!!!


¡¡Guau guau!! (Sayonara babies)