Rincón poético.

Rinconcito poético XIV.

Amo amor. (Gabriela Mistral)

Anda libre en el surco, bate el ala en el viento,
late vivo en el sol y se prende al pinar.
No te vale olvidarlo como al mal pensamiento:
¡le tendrás que escuchar!

Habla lengua de bronce y habla lengua de ave,
ruegos tímidos, imperativos de mar.
No te vale ponerle gesto audaz, ceño grave:
¡lo tendrás que hospedar!

Gasta trazas de dueño; no le ablandan excusas.
Rasga vasos de flor, hiende el hondo glaciar.
No te vale decirle que albergarlo rehúsas:
¡lo tendrás que hospedar!

Tiene argucias sutiles en la réplica fina,
argumentos de sabio, pero en voz de mujer.
Ciencia humana te salva, menos ciencia divina:
¡le tendrás que creer!

Te echa venda de lino; tú la venda toleras.
Te ofrece el brazo cálido, no le sabes huir.
Echa a andar, tú le sigues hechizada aunque vieras
¡que eso para en morir!

Querido Freddie…

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Hoy hace 23 años que nos dejó Freddy Mercury. Nunca he ocultado mi admiración por el cantante y por su grupo Queen. En un día como hoy, quería escribir algo desde el corazón para recordarlo. Pero he recordado que hace 3 años, con motivo del 20 aniversario de su muerte, le escribí una que publiqué en mi otro blog, por eso he decidido recuperar esa entrada y publicarla aquí.

“20 AÑOS SIN FREDDIE MERCURY.

Querido Freddie:

Parece mentira, pero ya han pasado 20 años desde que nos dejaste. Todavía recuerdo aquel lejano 24 de noviembre de 1991, cuando me desperté con la noticia de tu fallecimiento. No pude evitar las lágrimas. Otro motivo más para odiar el mes de Noviembre… En mis oídos no paraban de resonar las notas de esa magnífica canción totalmente premonitoria titulada “The show must go on” (El show debe continuar). Recordaba como habías llegado a mi vida, siendo sólo una niña que escuchaba fascinada Bohemian Rhapsody. Os descubrí por casualidad… uno de los beneficios que tiene tener hermanos mayores. Y recuerdo que mi hermano pequeño y yo nos quedamos embobados escuchando esa mágica voz. Y desde entonces has estado siempre muy presente en mi vida. En casi todos los momentos importantes de mi vida. He cantado hasta quedarme afónica el We will rock you (palmadas y patadita incluida); he vibrado escuchando el We are the champions en las victorias de mi equipo y la selección… Y me he enamorado a los acordes del Who wants to live forever… Y recuerdo que cuando conocí a mi alma gemela, empezamos hablando de ti. Descubrir que también eras especial e importante en su vida fue algo mágico y maravilloso a la vez.
Pero siempre llega noviembre, y ya sabes lo mucho que odio ese mes. Demasiadas pérdidas de gente a la que quiero o admiro. Demasiado dolor y llanto. Y sí, se que el show y la vida tienen que continuar. que tú siempre vivirás en todos y cada uno de los que te admiramos. Que tus canciones y tu voz se han convertido en leyenda y que a veces, para alcanzar la inmortalidad hay que morir. Parece un contrasentido eso de morir para vivir…
Y el show sigue adelante… Aunque tú no estés y yo tengo el corazón un poco más cansado y triste…”

Pero no podía dejar pasar este día sin dedicarte unas palabras pues han pasado tres años desde que escribí esa carta y yo ya no soy la misma. Aquella carta estaba escrita desde la tristeza, desde el dolor de un corazón al que acababan de romper en tantos pedazos que dudaba que alguna vez pudiera volver a unirlo. Por eso está escrita desde el dolor de la muerte. Pero yo ya no soy esa persona, porque la vida, como el show, continúa y el dolor se pasa, el corazón se recompone y vuelve a latir con más fuerza aún y vuelve a sentir el amor con más intensidad si cabe. Por eso quiero escribirte una carta desde la alegría de la vida eterna, ¡porque quiero y porque te lo mereces! Y ya que Noviembre está siendo más benévolo que de costumbre, quiero aprovecharlo. Va por ti, por todo lo que me has hecho sentir.

Querido Freddie:

Tres años han pasado desde que mi corazón destrozado te escribió una carta por el vigésimo aniversario de tu partida. Entonces me parecía mentira que el mundo pudiera seguir adelante. Pero el tiempo pasa y te das cuenta de que la vida sigue adelante, que la pena se supera y el corazón se recompone. Que la vida es muy corta y preciosa como para perder tiempo con tristezas. Que nada llena tu vida como el amor. Que no hay como el calor de un corazón enamorado para sanar un corazón herido. 

También he aprendido en este tiempo, que todas esas pérdidas de las que hablaba en realidad no lo son, porque aquellos que queremos nunca nos abandonan realmente. Siguen a nuestro lado aunque no podamos verlos. Están dentro de nuestro corazón, en nuestro recuerdo y así vivirán para siempre. Igual que tú vives dentro de cada canción que creaste. En el recuerdo de cada uno de los que nos emocionamos con tu voz, con tu presencia sobre un escenario. 

Te escribo estas líneas mientras escucho “It’s a hard life” y no puedo estar más de acuerdo contigo, cuando un día contemple mi propia vida desde la distancia estoy convencida de que diré que “todo lo hice por amor” y habrá valido la pena. 

Y el show y la vida continúan, y los cuentos de hadas de antaño nunca morirán… 

Carta abierta a: Noviembre.

noviembre

Hola Noviembre:

Curiosa manera de encabezar una carta, aunque se trate de una carta abierta. He pensado que empezar con un “querido mes de noviembre” sería una mala manera de empezarla, no me gusta lo políticamente correcto y no quería ensuciar esta carta con una mentira que ni puedo ni quiero mantener sólo por la corrección. ¿Por qué habría de dirigirme a ti como querido, estimado o apreciado cuando ni te quiero, ni te estimo y ni siquiera te aprecio?

Supongo que te preguntarás porqué si tanto me desagradas te dedico esta entrada y esta carta tras tanto tiempo de silencio, concediéndote así un protagonismo que no te mereces. La verdad es que yo misma también me hago esa pregunta. Temo que sea víctima de una enajenación mental transitoria para cometer tamaña locura. No te mereces ninguna de las letras que voy a dedicarte. Eres frío, oscuro y triste. Marchitas todo a tu paso y tienes la mala costumbre de llevarte todo lo que amo. Me dejas sumida en la tristeza y la desesperación. Una tristeza de la que ni toda la magia de Diciembre con sus luces y alegrías navideñas es capaz de sacarme.

Pero por curioso que parezca, después de tanto tiempo de silencio, de no pulsar ni una tecla, ni escribir ni una línea, de dejar morir tantas historias dentro de mi cabeza, resulta que has sido tú quién ha devuelto a mi musa, esquiva y holgazana, a su trabajo. La vida te da sorpresas, sorpresas te da la vida, como cantaba Rubén Blades. Se supone que debería estarte agradecida, pero para serte sincera, no sé a que atenerme todavía. Quizás estás tendiendo puentes de buena voluntad entre los dos. Si es así, necesito algo más que eso para volver a confiar en ti. Lo siento, me he vuelto cínica y desconfiada… no es culpa mía, son las circunstancias que me ha tocado vivir. Que me has hecho vivir.

Podrás decirme que no es culpa tuya, que es tu naturaleza. Que alguien tenía que representar el lado oscuro del año. Que en el fondo eres tan necesario como el mes de Abril. Que sin ti, la primavera no sería tan hermosa ni colorida. Que como en el mito griego, hasta Perséfone terminó enamorada de Hades y viviendo feliz a su lado la mitad del año. Moraleja, hasta el dios del inframundo tenía un lado luminoso. Pues lo siento, pero de momento no puedo verte como un héroe salvador sino más bien como un ladrón alevoso y taimado que aprovecha cualquier descuido para quitarme lo que amo.

Pero no te voy a negar que aprecio el gesto por lo que es, un regalo de buena voluntad que acepto, aún un poco recelosa pues ya sabes aquello de desconfiar de los griegos que traen regalos. Por eso te dedico esta carta y estas líneas. Para que veas que yo también puedo tender manos abiertas. El tiempo, que dicen que es sabio, dirá en que acaba esto. Quizás el próximo año te dedique un encabezamiento más cariñoso o puede que sólo lleguemos a ser amigos distantes.

Atentamente.

Jengibre.